martes, 2 de abril de 2019

Nunca imaginé que llegaría a ese punto en la vida en el que piensas que no existe vuelta atrás, siempre supuse que habría opciones, caminos diferentes, formas distintas. Hoy estoy ahí, en ese punto, con un corte de cabello que a veces odio, una casa que a veces me asfixia y con las cenizas de mi madre que ahora son parte del decorativo de la sala.
Pienso que desde ha ocurrido un cambio en mí, uno que definitivamente no esperaba ni deseaba, dicen que para que el universo se creara primero todo tuvo que explotar, yo sólo sé que el día sábado exploté y no hubo manera de detenerlo.
No hay una luz al final del túnel, no encontré a mi ángel de la guarda ni vi los fantasmas de mi pasado cuidándome, lo único que vi fueron las sombras que mis propias alucinaciones llevaban días dándome.
He perdido la cabeza, la he perdido totalmente, soy la Alicia incorrecta en el mundo incorrecto, y el maldito conejo blanco se desapareció y no logro encontrarlo para llegar juntos a tomar el té.
Me siento frente al ordenador porque prefiero mil veces intentar teclear sin sentido que pensar en las cajas y cajas de medicamentos qué hay detrás de mí y que puedo consumir en un abrir y cerrar de ojos, pude ser una estadística, hoy mis amistades estarían quizá acompañándose así mismos pensando en que quizá podían haber hecho más o quizá no.
El psiquiatra me ha declarado como un peligro para mí, un peligro que requiere vigilancia 24/7 y que debería por voluntad propia internarme en alguna institución psiquiátrica. Es obvio que no lo haré.
Me ha hecho firmar una forma en la que no acepto la internación y me ha pedido que siga al pie de la letra sus recomendaciones, que él se sentiría fatal si descubriera que yo al final me suicidé y él tenía mi vida en sus manos, pobre iluso ¿Mi vida en sus manos? Qué engreído, que ego tan grande como para pensar que aún encerrada en un manicomio no encontraría la manera de matarme, me subestima, me reta.
Sin embargo no es algo que deseo, pienso que el amor que recibí ese día de quienes me rodean me ha dicho que quizá vale la pena permanecer en este mundo de mierda un poco más, aunque he cruzado ya la línea, he reclamado mi vida, tan mía, tan propia que puedo terminarla cuando yo quiera y esta vez no habría llamadas de auxilio, que valiente y que imprudente.
El no haber visto nada mientras mi saturación de oxígeno bajaba y mi frecuencia cardíaca también sólo me hace pensar que no hay nada después, así que el primer resultado de este experimento es saber que debo vivir lo más que pueda porque después no sigue nada. He perdido la cabeza, soy la Alicia incorrecta en el mundo incorrecto, el maldito conejo blanco me dejó abandonada con una caja de rivotril y muchas ganas de corre detrás de él.
Soy la Alicia incorrecta y me han cortado la cabeza.



sábado, 5 de enero de 2019

Letras de una madrugada de invierno.


La mamá siempre quiso que yo tuviera un bebé, soñaba con ver un humanito que la llamara abuela; fue una de las cosas que no pude cumplirle, creo que eso le causaba mucha tristeza.
En los últimos dos años me he cuestionado la maternidad, "sus reglas", la manera en la que visualizamos el deber ser de las mujeres en ella y tomé decisiones quizá precipitadas, quizá correctas.
Estar embarazada fue un sueño para mí durante muchos años, tenía el nombre para cada uno, la idea, el mapa y sin embargo un día me desperté con el miedo terrible de que un humanito se llevara lo peor de mi linaje, de que incluso yo misma lo llevara por el camino que me tocó recorrer con la mamá y así el sueño se detuvo.
También pensé en el nivel de responsabilidad que conlleva una vida que depende de ti, gastos, horarios, desgaste físico y emocional; sólo de imaginarlo pude entender un poco lo duro que fue para la mamá hacerme sobrevivir en el mundo, sólo un poco.
Veo lejana la idea, ya no veo el mapa, ni siquiera sé si los nombres eran los correctos, pareciera que poco a poco se me fue diluyendo la estructura que había delimitado.
"Cuando yo sea mamá..." Era algo que me agradaba decir, hoy pienso que lo más cerca que estaré de eso será ser la eterna tía que consiente a horrores a las crías de sus primas y amigas, creo que elegí ya el camino pero de pronto existe esa idea de que me hace falta, quizá porque durante años pensé que mi realización iba a estar ahí, quizá porque he visto tantas mujeres embarazadas, tantos partos, tantos bebés que quisiera experimentarlo yo.
Pero las crías no son un juego, no es algo que pruebas y luego regresas, no me atrevería a hacerlo sin estar segura y la seguridad se aleja cada vez más.
Anoche mientras me miraba en el espejo de una casa con mejor luz que la mía observé mi cabello, tengo canas, no es una, ni dos, ni tres, son muchas, un mechón completo.
La mamá solía bromear al decir que mi mejor edad se estaba pasando, me veo las pequeñas canas que se asoman justo donde divido mi cabello y pienso "Mierda, mierda, mierda" y no es que yo no las quiera, es que más de una vez alguien me ha dicho "Tienes una cana, te la quito" y ahora pienso que si sigo así van a querer dejarme calva antes de mirarme con el cabello platinado sin haber llegado a los 30.
Es el tiempo, el deber ser de la mujer lo que me rompe la cabeza algunas noches y me provoca insomnio algunas madrugadas como hoy, no voy ni de un lado ni del otro. "Si no te casas y no tienes hijos te quedarás sola", demonios, ¿cuántas relaciones de mierda aguanté por miedo a la desolación? (Porque soledad y desolación no son lo mismo), "Mírate, tú eres tu mejor ejemplo, ahora no tienes a nadie" Es otra frase que escucho bastante desde que la mamá murió, como si para el mundo verme pasear sola por mi casa fuera imperdonable, triste, absurdo e incomprensible.
Me he dado cuenta que si piensan en una mujer viviendo sola ésta también debe cumplir ciertos estándares, nivel profesional, casa, mascotas, si no los llenas no eres éxitosa
Diablos, estoy jodida.
La maternidad, la belleza, la desolación... a veces no puedo con tanta basura junta ¿Sólo me pasa a mí? Venga, que si hay alguna allá afuera que se sienta igual de perdida que yo por favor levante la mano y siéntese conmigo un rato que quizá entre varias este camino extraño nos sea más leve, hagamos un lugar, un espacio para las que no sabemos llenar otros espacios, para las inadaptadas, las jodidas con canas, sin hijos, sin títulos, las lesbianas, incorrectas, subersivas e incómodas, las precarias, las quedadas.
¿Que tengo 27 y escribo como si estuviera amargada? No creo, tengo 27 y escribo como si todo esto me pareciera un mal chiste, uno del que no me quiero reir más...