Nunca imaginé que llegaría a ese punto en la vida en el que piensas que no existe vuelta atrás, siempre supuse que habría opciones, caminos diferentes, formas distintas. Hoy estoy ahí, en ese punto, con un corte de cabello que a veces odio, una casa que a veces me asfixia y con las cenizas de mi madre que ahora son parte del decorativo de la sala.
Pienso que desde ha ocurrido un cambio en mí, uno que definitivamente no esperaba ni deseaba, dicen que para que el universo se creara primero todo tuvo que explotar, yo sólo sé que el día sábado exploté y no hubo manera de detenerlo.
No hay una luz al final del túnel, no encontré a mi ángel de la guarda ni vi los fantasmas de mi pasado cuidándome, lo único que vi fueron las sombras que mis propias alucinaciones llevaban días dándome.
He perdido la cabeza, la he perdido totalmente, soy la Alicia incorrecta en el mundo incorrecto, y el maldito conejo blanco se desapareció y no logro encontrarlo para llegar juntos a tomar el té.
Me siento frente al ordenador porque prefiero mil veces intentar teclear sin sentido que pensar en las cajas y cajas de medicamentos qué hay detrás de mí y que puedo consumir en un abrir y cerrar de ojos, pude ser una estadística, hoy mis amistades estarían quizá acompañándose así mismos pensando en que quizá podían haber hecho más o quizá no.
El psiquiatra me ha declarado como un peligro para mí, un peligro que requiere vigilancia 24/7 y que debería por voluntad propia internarme en alguna institución psiquiátrica. Es obvio que no lo haré.
Me ha hecho firmar una forma en la que no acepto la internación y me ha pedido que siga al pie de la letra sus recomendaciones, que él se sentiría fatal si descubriera que yo al final me suicidé y él tenía mi vida en sus manos, pobre iluso ¿Mi vida en sus manos? Qué engreído, que ego tan grande como para pensar que aún encerrada en un manicomio no encontraría la manera de matarme, me subestima, me reta.
Sin embargo no es algo que deseo, pienso que el amor que recibí ese día de quienes me rodean me ha dicho que quizá vale la pena permanecer en este mundo de mierda un poco más, aunque he cruzado ya la línea, he reclamado mi vida, tan mía, tan propia que puedo terminarla cuando yo quiera y esta vez no habría llamadas de auxilio, que valiente y que imprudente.
El no haber visto nada mientras mi saturación de oxígeno bajaba y mi frecuencia cardíaca también sólo me hace pensar que no hay nada después, así que el primer resultado de este experimento es saber que debo vivir lo más que pueda porque después no sigue nada. He perdido la cabeza, soy la Alicia incorrecta en el mundo incorrecto, el maldito conejo blanco me dejó abandonada con una caja de rivotril y muchas ganas de corre detrás de él.
Soy la Alicia incorrecta y me han cortado la cabeza.