viernes, 7 de abril de 2017

Locas...

Son ellas, las olvidadas,
son ellas las despojadas del mundo,
las enmudecidas, las vagabundas,
son ellas las que no olvidan.
Son ellas la que viven de migajas,
las que sueñan alto y caminan bajo,
las que arrastran los pies
las que vuelan en veces.
Son ellas las que ríen, las que lloran,
son ellas las que palpitan y no se consumen,
son ellas y se pierden y regresan,
son ellas y su mente detrás de una reja.
Son las violentas, las que muerden, 
las que golpean y a veces abrazan,
son ellas las que te sonríen y te besan,
son caminantes sin descanso.
Son las olvidadas por el sistema,
los casos perdidos, las fallas,
son el gasto innecesario,
son la eterna fuga.
Son ellas, las locas violentadas,
las abusadas, las víctimas,
son las abandonadas y los saben,
lo saben y no lo olvidan.


Iba a escribir sobre la violencia en el hospital, tenía ya un texto muy bueno sobre cómo me he dado cuenta de las fallas enormes del sistema de salud en cuanto a bienestar mental se refiere, iba a escribir como la normativa está equivocada, pero no, la verdad, prefiero contarles una historia.

A. tiene 49 años, quizá menos, quizá más, su ficha de identificación no concuerda en ninguna de las hojas de su expediente, da igual porque ella dice que no lo recuerda, que ahí adentro los años no le importan. A. tiene el rostro lastimado, hace unos días se cayó mientras caminaba por el hospital, nadie del personal la vio, sólo las locas se dieron cuenta, sólo las locas la ayudaron a levantarse y la llevaron para que la revisaran, Nadie sabe cómo fue el accidente, nadie quiere entender o simplemente no les interesa el porqué de que A. se lastimara, nadie se ha ido a quejar con el director por su mala atención, quizá porque está sola, quizá porque sólo se tiene así misma y a sus compañeras.
No siempre fue así, "Una vez tuve familia, vivía allá por Huejotzingo con unos señores que yo pensé que eran mis papás, me llevaban a trabajar al campo y me pagaban con comida y casa. Luego me di cuenta que no eran buenos, que me hacían cosas malas, pero no tenía a donde ir y me quedé", sus evaluaciones dicen que A, pudo haber sido víctima de abuso sexual en la infancia. 
"Entonces allá por el centro conocí a un muchacho, me dijo que si allá me trataban mal que me fuera con él, que me iba a cuidar y yo iba a ser su esposa. La verdad sí me fui, me llevó a su casa y vivimos juntos. Luego un día tuvimos un hijo," A. se levanta todos los días a las 7 de la mañana, hace sus labores dentro del pabellón y luego junto con R. su compañera, pone a calentar con una resistencia eléctrica algo de agua para prepararse un té, después desayuna con las demás.
"Pero un día estaba vendiendo mis frutas en el centro y me dio una crisis, ya no supe qué pasó, yo estaba con mi hijo. Cuando desperté ya estaba aquí, siempre he estado aquí, eso fue hace mucho tiempo señorita. Mi hijo nunca vino, no sé si no sabe, no sé si no sabe, no sé sí..." A. se queda callada y sonríe, me toma del brazo y pregunta "¿Me puede traer galletas mañana?".
A. no tiene familiares, su hijo fue localizado tiempo después del internamiento de A; él nunca quiso verla, se fue a Estados Unidos, o al menos eso se cree.
Ella está ahí mirando cómo pasa el tiempo, dormitando cada que puede, sonríe de vez en cuando, lúcida y perdida al mismo tiempo. ¿Quién viene por ella? Nadie.
El sistema privilegia y da "soporte" para aquellos que son funcionales y productivos, para muchos A. debería de sentirse agradecida por estar ahí y no en la calle. Para muchos mantener a A. y a los más de 200 pacientes del hospital es "una fuga de recurso", claro, quizá es mejor invertir en ciclopistas y parques para los mentalmente estables ¿no? Quizá es mejor seguir dándole comida gourmet a nuestros funcionarios cada día en sus mesas y sobras de toda la semana a nuestros usuarioa, porque al final de cuentas suponen que están tan mal que no saben distinguir lo que hay en sus platos, se equivocan oh, cuanto se equivocan.
Entiendo que el feminismo no sólo se trata de pelear por las "sanas", por las académicas, por las que pueden ir a la escuela o trabajan o las que son funcionales siendo disfuncionales en la sociedad. Se trata también de devolverles la mirada a ellas, a las que nos atrevemos a llamar "locas", esa mirada profunda y llena de pasado, llena de recuerdos a falta de un futuro imaginable y en presencia de un presente culero, bastante culero.
Se trata de mirarles y entender que no están ahí por elección, que no son un problema, que requieren cuidados humanos y no una manguera con agua fría para el baño. Pienso en la serie de abusos de las que ellas han sido víctimas, muchas pierden el hilito de cordura gracias a la violencia de afuera, la que provocamos "los sanos", muchas sólo han sido presas de un sistema que no las ayuda pero ah como las jode.
Camino con ellas un par de horas, nos peinamos, jugamos, nos reímos, ellas que me enseñan que siempre te encuentras la sororidad en el lugar menos esperado y de alguien que ni siquiera conoce la palabra pero la siente.

sábado, 25 de marzo de 2017

Lo que se espera de las mamás.

En estos días he estado rotando en el área de oncología de un conocido hospital infantil de mi ciudad, sinceramente ha sido una de las experiencias más fuertes de mi vida y al mismo tiempo me ha permitido reflexionar bastante sobre el papel de las mujeres como madres, como cuidadoras y como usuarias. Esta ocasión escribiré de las dos primeras.

Imaginen la escena, pasa Fanny a tomar los signos de una de las bebés, la mamá estaba dormida sobre la cuna, la bebé casi saltando de la misma; saludo y le pido ayuda para que la niña se quedara quieta, N. más dormida que despierta medio sostiene a la niña, medio vuelve a dormir, se nota cansada, bastante.
Le pregunto ¿Fue mala noche?, me mira y despacito me dice "Tuve fiebre, me siento mal" ¿Van a venir a cambiarla? "No, nadie viene, todos trabajan, yo me quedo" me respondió, terminé de tomar los signos de la bebé y le dije "Ya terminamos, duerma otro ratito, regreso después".
Pasó un rato, entonces llega otra enfermera y me dice "Ya viste a la mamá? Voy y la encuentro con los pies arriba de la cuna! Le dije que los bajara." No pude evitar mirarla feo y decirle "Se siente mal, tuvo fiebre anoche y nadie vendrá a cambiarla." La enfermera cambió de cara, se quedó callada y con un gesto como de culpa se dio la vuelta, caminó hacia la cuna de la bebé y le dijo a N. "Puede ir a la farmacia similar de aquí cerca, que la revisen y la receten, si no tiene dinero para la consulta ahorita le decimos a un médico para que la recete y si podemos la surtimos del mismo medicamento del servicio", la señora N aceptó, fue por la receta, se le dio medicamento, durante la mañana se sintió mejor.

Otro caso. Me llama la mamá de uno de los niños que había estado teniendo picos febriles toda la mañana pero que ya estaba estable y me dice "¿Puedo bajar a desayunar rápido Fanny? Te encargo a S, regreso rápido". Bajó a desayunar, yo estuve vigilando al niño, de pronto se acerca uno de los residentes y me dice "¿y la mamá?" "No está, bajó a desayunar" le respondí, hizo un gesto de enfado, bufó "Necesito una firma, siempre se van cuando uno necesita la firma" lo miré y le dije "Es urgente?" "No, puedo ir con otro paciente mientras llega", se dio la vuelta y se fue. A. regresó 5 min después, sinceramente creo que sólo bajó y aspiró la comida, se sentó y cuando la mamá vecina le dijo "Necesitaban tu firma" se asustó, me preguntó si era urgente, le dije que no pero eso no la calmó, corrió por el médico. No volvió a levantarse de su silla al menos en todo mi tiempo ahí.

¿Qué se espera de las mujeres que cuidan a sus hijos en las áreas oncológicas? Por lo visto se espera que no se enfermen, se espera que sean fuertes no sólo físicamente, también mentalmente, se espera que no se alimenten, que no se tomen 10 o 15 minutos de descanso, se espera que estén ahí cuando necesitas que te firmen un papel que bien puede esperar.
Te dicen cosas como "Yo lo cuido porque mi esposo trabaja" ¿Quién les ha dicho que cuidar a sus hijos no es trabajo? Todos. Pero sí, sí es trabajo permanecer ahí, sí es trabajo cuidar a un niño 24 horas, sí es trabajo lidiar con médicos groseros y enfermeras inhumanas. Sí es trabajo ver a tu hijo, alimentarlo, cuidar que la enfermera administre sus medicamentos en los tiempos requeridos, mirarlo dormir cuando tú quisieras hacer lo mismo, confortarlo y a parte buscar la manera de pasar esas 24 horas sin volverte loca.

¿En qué pinches piensa ese médico que le recrimina por haber tomado 10 minutos para desayunar que coincidieron con la mentada firma? ¿En qué piensa la enfermera que en lugar de enterarse de la situación la juzga primero? La respuesta es sencilla, no pensamos.
De los 13 pacientes de la sala todos estaban bajo el cuidado de una mujer, la mayoría excepto 1 eran las mamás de los mismos y, el caso en el que la mamá no era la cuidadora recuerdo que me dijeron "es que su mamá no puede venir porque también está mal" así, como si el hecho de que ella no estuviera ahí fuera vergonzoso, fuera algo que se debía justificar aunque no hubiese sido preguntado.

No, ser madre no te convierte en el modelo de sacrificio, de abnegación, de dar todo por todos. No podemos seguir esperando y presionando a las mujeres para que en estas situaciones se vuelvan de piedra, no lloren, no sientan, no coman, no duerman, no se distraigan. Si bien la situación es difícil debemos entender que ellas tenían una vida antes de que sus hijos enfermaran, una rutina y todo se afecta con procesos como estos ¿Hasta dónde estamos dispuestos a interesarnos? ¿Hasta cuándo seguiremos presionando y conservando la idea de que la maternidad significa sacrificio? ¿Hasta cuándo?

miércoles, 1 de marzo de 2017

De como el sistema de salud es una mierda...

Una vez tuve un profesor que decía "Quienes estudian alguna carrera del área de la salud, son personas con conocimientos privilegiados que no cualquiera posee". Con esta frase muchas veces le hizo notar a mis compañeritos que sus conocimientos eran la octava maravilla, que nadie o casi nadie se atrevía a estudiar carreras de esta área y, con ello, lo único que hizo fue seguir haciendo crecer en ellos una idea de superioridad bastante infundada que, según creo yo, en un futuro causará problemas.

Casual el día jueves pasado volví a escuchar más o menos lo mismo de boca de una ponente que, en el inicio de su conferencia, lo primero que preguntó fue "¿Hay alguien que no pertenezca al área de la salud aquí?" ustedes se preguntarán ¿por qué hizo eso? Bueno, lo hizo porque el tema a tratar era la manera en que se realizan los procesos de triage en el paciente con traumatismo severo y, según ella, este tema podía generar confusión en personas ajenas al área (ven, otra vez esa idea de que somos superiores, en fin).

El triage es un método en el que, por medio de clasificaciones, se determina la prioridad de las lesiones que una persona posee y el tiempo en el que será atendido en un medio hospitalario. La cosa para mí comenzó a ponerse fea cuando, en su intento de defender lo indefendible, la ponente dijo algo como "El traige es un proceso administrativo meramente, ya que, la selección de los pacientes que serán atendidos y los que no, estará determinada por los recursos económicos, de material y de recurso humano del que el hospital disponga. El triage es un proceso de administración, no de salud" y terminó de ponerse crítica cuando dijo "Aquí no es por humanidad, es por las posibilidades que se tengan de hacer que alguien viva y de que se recupere."

Mientras ella explicaba como el triage depende de los recursos del hospital y no tanto de proporcionar salud y bienestar a las personas, me sorprendió bastante como todo el personal de salud presente en esa sala (estudiantes incluidos) aceptaban sin dudarle ni poquito que esa era la manera correcta, que aún cuando les dijeron "Tu familiar podría estar en esa situación" nadie protestó, nadie dijo "Eso no puede ser correcto".

Confieso que me dolió bastante entender que se nos entrena para servir a una sistema que sigue poniendo la producción y la ganancia por encima del ser humano, que aún con avances tecnológicos que nos permitirían recuperar a individuos en situaciones extremas se prefiere enseñarnos a como "clasificar" a las personas, a como callar la conciencia con un "lo hacen por el beneficio de su institución y sus recursos" dejando morir a alguien sólo porque "no alcanza el material".

Sí bebés de luz, estamos dejando morir personas por complacer a un sistema de salud que nos entrega recursos insuficientes, que prefiere no gastar en alguien que va a morir porque ¿ya para qué? Y sí, lo hablo desde mi propia experiencia con una madre enferma a la que el mismo sistema de mierda le ha negado el derecho a la calidad de vida sólo porque invertir en su enfermedad es una pérdida de recurso POR QUE NO SE VA A RECUPERAR Y DEJARÁ DE SER PRODUCTIVA.

En esa sala nadie cuestionó el proceder durante el traige, nadie le preguntó a la ponente si podía negarse a realizar la clasificación, nadie absolutamente nadie preguntó si podíamos hacer algo para atender a un paciente pediátrico aunque su cuerpo tuviera el 40% de quemaduras NADIE.
Al contrario todos aceptaron como algo natural el tener que seleccionar por defender capital monetario, ¡vaya humanismo!

Ah, pero eso sí, podemos elegir quien vive y quien muere en una sala de urgencias pero no vamos a hablar de aborto ni del derecho a una muerte digna mejor conocido como eutanasia, no, de eso no hablamos porque ¿Qué va a saber la gente de decidir sobre su vida? ¿No? 
El mismo sistema que no permite darle una calidad de vida digna a mi madre es el mismo que se opone a que un día ella diga "Basta de esta vida de dolor", a que otra mujer decida sobre su cuerpo.
Quizá la loca soy yo, quizá a estas alturas del partido he venido a descubrir que la enfermería no me necesita del lado de la neonatología sino para algo más...

sábado, 18 de febrero de 2017

Radicales, radicales everywhere...

Yo confieso, en el pleno uso de mis facultades mentales, que un día dije algo como:

 "Ay, esas mujeres están bien locas y son super radicales, que miedo con ellas." 


Lo siento, en verdad, estaba bastante malita de mis ideas y conceptos.
Al día de hoy hasta siento bonito cuando me dicen "Es que eres bien intensa, bien radical", sí, me gusta, me alegra, me llena. ¿Por qué?
El feminismo radical no es una secta, no es un grupo de mujeres que odian a los hombres, (bueno, a mí sí me gusta ver sus lágrimas de macho cada que "sufren" nuestros ataques feministas) pero no, el feminismo radical va más allá.
Ser radical implica ir a la raíz, buscar el inicio del problema y combatirlo, el mero significado de la palabra es ese "de la raíz o relacionado con ella" entonces ¿Somos radicales? SÍ ¿Queremos ver morir a los hombres? NO ¿Nos gusta tomar cerveza? Un chingo.
Cuando leí sobre el ser radical entendí que lo había utilizado mal. Entendí que en mi visión errada de las maneras "correctas" de manifestarnos el mirar a una mujer con un lateral rapado, marchando en tetas, con el coraje a flor de piel y gritando "Verga violadora a la licuadora" me aturdía bastante y me hacía llamarla radical de modo despectivo, así nomás, sin pensar poquito lo que era, sí, así como el casi 90% de la población de mi bella ciudad.
Hasta que un día dije ¿y qué carajo es esto? y me acerqué para aprender. 
Fue hasta que lo hice yo que me apropié del término, fue hasta que caminé por las calles de la ciudad sin brassiere, gritando, celebrando mi vida y la de las mujeres que me acompañaban que lo entendí, entendí porqué es importante.
Puedo decir sin duda que le vamos a parecer extremas a las personas, pero entiendo y me pregunto ¿Hay otro modo de hacernos ver? ¿Hay otro modo de luchar contra esto que nos oprime y nos mata? No lo hay.
Si me rapo un lateral y decido salir a la calle marchando desnuda es un acto de apropiación de mi cuerpo, así le digo al mundo "En mi cuerpo mando yo", si grito Machete al machote no es porque odie a los hombres es porque odio el machismo que enferma y mata todo lo que toca, si bailo, si canto, si celebro aún cuando el mundo es una verdadera mierda será porque la felicidad en estos tiempos es revolucionaria, es resistencia. 
Ser radical es buscar más abajo de la superficie, es encontrar que el machismo y el patriarcado están inmersos hasta en la sopa acompañados de su BFF el capitalismo. Sí, hay varias cosas de las cuáles hablar y escribir, mucho que entender y cuestionarnos.
Me gusta pensar que no soy la única, me gusta pensar que la siguiente vez que salga a la calle con mi tambor, con mis gritos, con mis manas, alguna chica nos va a mirar, se preguntará ¿Por qué lo hacen?, se acercará para aprender, preguntará, le acompañarán, y entonces, habrá una aliada más.


martes, 14 de febrero de 2017

El amor en los tiempos de... mi feminismo.

¿Y ahora qué?

Me pregunto casi todo el tiempo ¿Y ahora qué? A últimas fechas me resulta normal y cada vez un poco más sencillo entablar conversaciones conmigo misma, de esas que me hacen regresar, mirar las piezas del rompecabezas, juntarlas y seguir caminando.

Cuando eliges el camino del feminismo (claro, después de creer por un tiempo que tú no lo elegiste y sólo te cayó de fregadazo) notas y te enteras de que va ser difícil, de que tendrás mil momentos de alegría pero también mil de confusión y dudas y frustración, bastante frustración. Por la cabeza me han pasado ideas del tipo ¿Neta esto es correcto? ¿En verdad podemos hacerlo? ¿Hasta donde podemos llegar? y la más cabrona ¿Vale la pena?

No puedo evitar a veces ser víctima de mi propia incongruencia, ya saben, cosas como seguir siendo machista, ejercer violencia, caer en las provocaciones y en las reglas de un sistema al que he pertenecido por toda la vida y de cuyas redes tan finas e imperceptibles es difícil salir. Quizá nunca vamos a estar del todo fuera, quizá podría compararlo con una enfermedad de la que tenemos la vacuna pero que requiere de muchísimos cuidados inmediatos y mediatos (sí, siempre saldrá la enfermera que hay en mí).

Estar aquí, nombrarme, sentirme, tomar conciencia de mí misma es complejo, es mirarte hecha pedazos y comenzar a elegir cuáles juntas y cuáles no, pero también es entender que aquellos espacios que van a quedar vacíos son hermosos, es abrazarte con tus defectos inumerables y reconocerte, es entender que la posibilidad del cambio es maravillosa, es dejar de tenerte miedo y amarte,

Cada año el 14 de Febrero me generaba conflictos muy intensos, tenía tan adentro mi amor romántico que dolía, dolía no recibir regalos, no recibir un mensaje, no ser "lo suficientemente bonita" para que alguien llegara con un regalo sorpresa de un admirador secreto; porque si hay algo que las películas/telenovelas/revistas nos enseñan es "mientras más asechada eres es mejor". Hoy no, en un pequeño avance muy bello, estoy aquí analizando que este año no espero regalos, no espero mensajes, de hecho, tenía un plan bastante radical para este día que no pude llevar a cabo  por estado de salud maternal (Lenchamanas las amo, ustedes saben quiénes son). 
Hoy, siendo honesta, me aturde un poco la manera en que el amor se mueve en mis redes sociales, la manera en que me identifico en la otra que sufre sin decirlo porque alguien la ha rechazado, en la que espera que le revelen un amor secreto, en la que dice "este día me vale verga" y añora una tarjeta o un peluche. Porque sí, todas buscamos ser amadas, ser aceptadas, ser deseadas y ser queridas.

Hoy pienso que el amor no existe sólo en una pareja y que ese no es el máximo en la vida; el amor comienza desde una misma tomando decisiones para la persona más importante, TÚ. El amor existe en la forma de amigas que te preparan caldo de pollo cuando enfermas, que te ayudan y te escuchan. En la forma de otra que te acompaña en tu tristeza y aprende de ella, en la forma de una madre que te ama, de una prima, de una hermana. 

El amor se crea y no es necesario competir por él, demostrar que eres la mejor para ser amada, la más bonita, la más inteligente, la más zorra, la más liberal, no, no tienes que ser la más, sólo debes ser tú.

El amor va más allá de la relación de pareja y creo, que si todos entendiéramos eso, no necesitaríamos un día para celebrarlo porque lo haríamos todos los días. 


viernes, 3 de febrero de 2017

Bruja.


Dicen que somos brujas, 
dicen que podemos manipular, estrujar, torturar, seducir.
Somos las peligrosas, 
las criaturas tentadoras que se mueven por la noche
y obtienen lo que desean de aquellos sobre de quienes posan sus ojos. 
Dicen que somos las malditas,
nos persiguen, 
nos torturan, 
nos atan,
después nos purifican, 
dicen que para salvarnos de nostras mismas.
Han dicho tanto de nosotras durante tanto tiempo... 

Y nosotras lo hemos creído al pie de la letra.