¿Y ahora qué?
Me pregunto casi todo el tiempo ¿Y ahora qué? A últimas fechas me resulta normal y cada vez un poco más sencillo entablar conversaciones conmigo misma, de esas que me hacen regresar, mirar las piezas del rompecabezas, juntarlas y seguir caminando.
Cuando eliges el camino del feminismo (claro, después de creer por un tiempo que tú no lo elegiste y sólo te cayó de fregadazo) notas y te enteras de que va ser difícil, de que tendrás mil momentos de alegría pero también mil de confusión y dudas y frustración, bastante frustración. Por la cabeza me han pasado ideas del tipo ¿Neta esto es correcto? ¿En verdad podemos hacerlo? ¿Hasta donde podemos llegar? y la más cabrona ¿Vale la pena?
No puedo evitar a veces ser víctima de mi propia incongruencia, ya saben, cosas como seguir siendo machista, ejercer violencia, caer en las provocaciones y en las reglas de un sistema al que he pertenecido por toda la vida y de cuyas redes tan finas e imperceptibles es difícil salir. Quizá nunca vamos a estar del todo fuera, quizá podría compararlo con una enfermedad de la que tenemos la vacuna pero que requiere de muchísimos cuidados inmediatos y mediatos (sí, siempre saldrá la enfermera que hay en mí).
Estar aquí, nombrarme, sentirme, tomar conciencia de mí misma es complejo, es mirarte hecha pedazos y comenzar a elegir cuáles juntas y cuáles no, pero también es entender que aquellos espacios que van a quedar vacíos son hermosos, es abrazarte con tus defectos inumerables y reconocerte, es entender que la posibilidad del cambio es maravillosa, es dejar de tenerte miedo y amarte,
Cada año el 14 de Febrero me generaba conflictos muy intensos, tenía tan adentro mi amor romántico que dolía, dolía no recibir regalos, no recibir un mensaje, no ser "lo suficientemente bonita" para que alguien llegara con un regalo sorpresa de un admirador secreto; porque si hay algo que las películas/telenovelas/revistas nos enseñan es "mientras más asechada eres es mejor". Hoy no, en un pequeño avance muy bello, estoy aquí analizando que este año no espero regalos, no espero mensajes, de hecho, tenía un plan bastante radical para este día que no pude llevar a cabo por estado de salud maternal (Lenchamanas las amo, ustedes saben quiénes son).
Hoy, siendo honesta, me aturde un poco la manera en que el amor se mueve en mis redes sociales, la manera en que me identifico en la otra que sufre sin decirlo porque alguien la ha rechazado, en la que espera que le revelen un amor secreto, en la que dice "este día me vale verga" y añora una tarjeta o un peluche. Porque sí, todas buscamos ser amadas, ser aceptadas, ser deseadas y ser queridas.
Hoy pienso que el amor no existe sólo en una pareja y que ese no es el máximo en la vida; el amor comienza desde una misma tomando decisiones para la persona más importante, TÚ. El amor existe en la forma de amigas que te preparan caldo de pollo cuando enfermas, que te ayudan y te escuchan. En la forma de otra que te acompaña en tu tristeza y aprende de ella, en la forma de una madre que te ama, de una prima, de una hermana.
El amor se crea y no es necesario competir por él, demostrar que eres la mejor para ser amada, la más bonita, la más inteligente, la más zorra, la más liberal, no, no tienes que ser la más, sólo debes ser tú.
El amor va más allá de la relación de pareja y creo, que si todos entendiéramos eso, no necesitaríamos un día para celebrarlo porque lo haríamos todos los días.
No hay comentarios:
Publicar un comentario