son ellas las despojadas del mundo,
las enmudecidas, las vagabundas,
son ellas las que no olvidan.
Son ellas la que viven de migajas,
las que sueñan alto y caminan bajo,
las que arrastran los pies
las que vuelan en veces.
Son ellas las que ríen, las que lloran,
son ellas las que palpitan y no se consumen,
son ellas y se pierden y regresan,
son ellas y su mente detrás de una reja.
Son las violentas, las que muerden,
las que golpean y a veces abrazan,
son ellas las que te sonríen y te besan,
son caminantes sin descanso.
Son las olvidadas por el sistema,
los casos perdidos, las fallas,
son el gasto innecesario,
son la eterna fuga.
Son ellas, las locas violentadas,
las abusadas, las víctimas,
son las abandonadas y los saben,
lo saben y no lo olvidan.
Iba a escribir sobre la violencia en el hospital, tenía ya un texto muy bueno sobre cómo me he dado cuenta de las fallas enormes del sistema de salud en cuanto a bienestar mental se refiere, iba a escribir como la normativa está equivocada, pero no, la verdad, prefiero contarles una historia.
A. tiene 49 años, quizá menos, quizá más, su ficha de identificación no concuerda en ninguna de las hojas de su expediente, da igual porque ella dice que no lo recuerda, que ahí adentro los años no le importan. A. tiene el rostro lastimado, hace unos días se cayó mientras caminaba por el hospital, nadie del personal la vio, sólo las locas se dieron cuenta, sólo las locas la ayudaron a levantarse y la llevaron para que la revisaran, Nadie sabe cómo fue el accidente, nadie quiere entender o simplemente no les interesa el porqué de que A. se lastimara, nadie se ha ido a quejar con el director por su mala atención, quizá porque está sola, quizá porque sólo se tiene así misma y a sus compañeras.
No siempre fue así, "Una vez tuve familia, vivía allá por Huejotzingo con unos señores que yo pensé que eran mis papás, me llevaban a trabajar al campo y me pagaban con comida y casa. Luego me di cuenta que no eran buenos, que me hacían cosas malas, pero no tenía a donde ir y me quedé", sus evaluaciones dicen que A, pudo haber sido víctima de abuso sexual en la infancia.
"Entonces allá por el centro conocí a un muchacho, me dijo que si allá me trataban mal que me fuera con él, que me iba a cuidar y yo iba a ser su esposa. La verdad sí me fui, me llevó a su casa y vivimos juntos. Luego un día tuvimos un hijo," A. se levanta todos los días a las 7 de la mañana, hace sus labores dentro del pabellón y luego junto con R. su compañera, pone a calentar con una resistencia eléctrica algo de agua para prepararse un té, después desayuna con las demás.
"Pero un día estaba vendiendo mis frutas en el centro y me dio una crisis, ya no supe qué pasó, yo estaba con mi hijo. Cuando desperté ya estaba aquí, siempre he estado aquí, eso fue hace mucho tiempo señorita. Mi hijo nunca vino, no sé si no sabe, no sé si no sabe, no sé sí..." A. se queda callada y sonríe, me toma del brazo y pregunta "¿Me puede traer galletas mañana?".
A. no tiene familiares, su hijo fue localizado tiempo después del internamiento de A; él nunca quiso verla, se fue a Estados Unidos, o al menos eso se cree.
Ella está ahí mirando cómo pasa el tiempo, dormitando cada que puede, sonríe de vez en cuando, lúcida y perdida al mismo tiempo. ¿Quién viene por ella? Nadie.
El sistema privilegia y da "soporte" para aquellos que son funcionales y productivos, para muchos A. debería de sentirse agradecida por estar ahí y no en la calle. Para muchos mantener a A. y a los más de 200 pacientes del hospital es "una fuga de recurso", claro, quizá es mejor invertir en ciclopistas y parques para los mentalmente estables ¿no? Quizá es mejor seguir dándole comida gourmet a nuestros funcionarios cada día en sus mesas y sobras de toda la semana a nuestros usuarioa, porque al final de cuentas suponen que están tan mal que no saben distinguir lo que hay en sus platos, se equivocan oh, cuanto se equivocan.
Entiendo que el feminismo no sólo se trata de pelear por las "sanas", por las académicas, por las que pueden ir a la escuela o trabajan o las que son funcionales siendo disfuncionales en la sociedad. Se trata también de devolverles la mirada a ellas, a las que nos atrevemos a llamar "locas", esa mirada profunda y llena de pasado, llena de recuerdos a falta de un futuro imaginable y en presencia de un presente culero, bastante culero.
Se trata de mirarles y entender que no están ahí por elección, que no son un problema, que requieren cuidados humanos y no una manguera con agua fría para el baño. Pienso en la serie de abusos de las que ellas han sido víctimas, muchas pierden el hilito de cordura gracias a la violencia de afuera, la que provocamos "los sanos", muchas sólo han sido presas de un sistema que no las ayuda pero ah como las jode.
Camino con ellas un par de horas, nos peinamos, jugamos, nos reímos, ellas que me enseñan que siempre te encuentras la sororidad en el lugar menos esperado y de alguien que ni siquiera conoce la palabra pero la siente.
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