Me fuí.
El 24 de diciembre tomamos por fin la decisión de separarnos, te regalé tu libertad como el mejor detalle de navidad y me regalé a mí misma la paz que ya no sentía.
Durante muchos meses, semanas, días, creí que hacías las cosas sin darte cuenta, pero fue ese día cuando supe por fin que todo era real, lógico, pensado y decidí irme.
Quizá no recuerdes el último diálogo antes de que la avalancha cayera, te pedí escuchar música juntas, te negaste. La cabeza me explotó ¿qué hacía yo con alguien que no puede ni siquiera escuchar lo que me gusta? Te pregunté "¿Sabes lo que me estás diciendo?" y ahí, en esos segundos le diste el último golpe a lo que resistía de mi muro "Sí, sí sé".
Terminé de cocinar la sopa para la cena navideña en casa de tus padres, la guardé con cuidado en el refrigerador y decidí caminar sola. Me acerqué, te dije que necesitábamos hablar y al fin, después de 13 años, te solté.
Han pasado muchas cosas desde ese día, la mudanza, la adaptación, mi accidente, cada una debería llevar su propio texto, pero ese día fue todo.
Aún estoy enojada contigo, incluso una parte de mí, la menos lógica claro, quiere culparte por el hecho de que en este momento tengo un yeso en la pierna que me impide moverme y trabajar. El pensamiento es tipo: "Sí te hubieras esforzado más yo estaría en casa, no habría estado en el parque ese día, no me habría pasado..." No te preocupes, ya lo analicé, y ni yo soy adivina para saber cómo o cuándo me iba a accidentar, ni tu influencia en mi vida es tan grande para responsabilizarte por esto. Tú no eres dios.
Volviendo a ese día.
Dijiste: "No sé amarte cómo tú quieres, ya no puedo, estoy cansada de intentar..." He pasado varios días pensando en eso ¿cómo quiero que me amen? La verdad sí lo sé pero en este momento no me veo con alguien, no me imagino durmiendo con alguien o intentando conocer a otra persona, quizá porque todo está demasiado reciente o quizá porque no quiero, no me nace, no me dan ganas.
Te recuerdo en la cama, llorando, tus palabras, tus ojos, recuerdo el dulce, liberador y al mismo tiempo sumamente destructivo momento en el que por fin dijiste "Ya no quiero estar contigo". Lo agradecí, una parte de mí llevaba meses pidiendo que lo dijeras, que me soltaras, y cuando por fin lo escuché todo estuvo claro: podía irme.
No es que no pudiera irme antes, no es que no lo quisiera, sólo que tenía la sensación de que mientras tú estuvieras dispuesta, yo también lo estaría, ¿Enfermo? Quizá ¿Me hace sentido? Por supuesto.
Al escucharte sentí que por fin podía cambiar de camino, ya había hecho todo, podía virar e irme en paz.
El día que me fui dijiste que querías pedirme que me quedara pero que sabías en unas semanas estaríamos igual, yo no quise decírtelo pero, sí me hubieras pedido quedarme, igual me hubiera ido. Y ahora te explico por qué.
La noche previa antes de marcharme estuve esperándote, tuve la idea de que si sabías que era la última noche que estaría en casa querrías estar conmigo, dormir juntas, quizá tener sexo, pero no, te fuiste con tus amigas, toda la mañana, la tarde, la noche, llegaste a las 4 de la mañana. No lo sabes, pero esa tarde pensé tanto en detenerme, en no guardar lo que faltaba, en quedarme una vez más, casi le cancelé a Daniela para que no fuera por mí, sin embargo conforme las horas pasaban y no volvías me di cuenta otra vez de que seguía aferrándome, tú te habías marchado de esta relación desde hacía tiempo, así que, en ese rato que en otro momento habría pasado llorando o triste esperando que volvieras, aceleré el paso y usé mi tristeza como motor para guardar todo lo que faltaba.
Me acosté a dormir casi 10 minutos antes de que llegaras, escuché cuando entraste, me hice la dormida y te evité, ya no tenía caso decirte que me habría encantado comer recalentado contigo ese día, que esperaba que nos despidiéramos bonito, porque sigo siendo la tonta que te ama o que quizá tenía la esperanza de no tener que dejarnos.
Al día siguiente estabas más enferma que antes, fiebre, tos, no podías ni hablar, te preparé sopa y mediqué, bromeé diciéndote que era el último día de cuidados de enfermería gratuitos; supe que tenía que irme cuando entendí que no puedo seguir cuidándote de ti misma. No si eso me mata en el camino. No si para cuidar de ti una parte de mí se pierde.
Te amo, claro que lo hago, te pienso un poco todos los días desde que me mudé pero ahora se siente diferente, puedo amarte demasiado y aún así saber que no es bueno tenerte cerca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario