Alguna vez pensé que haría un libro hablando de ella, nuestra historia daba para varios capítulos, mucho drama, aventuras, momentos únicos; siempre pensé que al final de esa saga existiría miel y flores y felicidad.
Lo siento, con ella seguía siendo la Fanny adolescente que soñaba con un cuento, la dulce, la que atesoraba cada encuentro y lo guardaba en su memoria y en su cuerpo, esa, la que sonreía nerviosa cada vez que se le mostraba desnuda...
Siempre pensé que llenaría páginas y páginas de mi amor bonito, de los obstáculos externos que pasamos pero también de aquellos que nosotras mismas nos pusimos, pensaba que un día podría leerlo a mis hijas y ellas entenderían que se puede amar con tanta pasión que se desborda y sólo las letras la contienen.
Hoy sólo sé que ese amor bonito, ese cuento y su final, existen sólo en mi imaginación.
Y está bien, lo acepto.
Acepto que me equivoqué, acepto que perdí una y otra vez la oportunidad de escribir la historia y que, en el último intento, no sólo fue responsabilidad suya el fallo.
Quiza en otro momento yo pueda volver a soñar con la familia que deseo y el libro del amor bonito.
Hoy no, hoy estoy rota pero refugiada en el amor de mis amigas, las pocas que quedan y que han sabido entenderme, ellas que me sostienen y me demuestran que sí tengo una familia aunque no sea cómo yo lo había planteado por allá de mis quinces.
Esta semana perdí no sólo a quién consideraba mi pareja de toda la vida, también a una amiga que no supo/quizo entenderme y, aunque ambas pérdidas duelen, sé que debo comenzar a crecer sin ellas.
A las mujeres que están les gradezco infinito, Alba, Alma, Pecas, Carmen, Isa, Lau, Bris, mis amigas del colectivo Gatas viajeras y también el baboso de mi mejor amigo Jorge... Ustedes son mi apoyo cuando ni yo misma me soporto.
Hay días que quisiera dejar de existir (esta semana ha tenido muchos) pero luego me doy cuenta de lo maravilloso que es el momento cuando estoy jugando con un aro en el parque descubriendo trucos nuevos y aprendiendo a jugar futbol con una colectiva de morrad hermosas y mi amiga que no había visto en meses, o cuando veo a mi otra amiga pintar playeras con color magenta, o mí persona favorita riéndose con memes de gatitos y abrazándome mientras lloro por quinta vez.
Soy así, un desastre que sólo pocos saben apreciar, un manojo de nervios y ansiedad que se controlan horneando o planeando un curso. Soy esa que no deberías amar si no estás dispuesta a correr los riesgos.
En fin, no escribiré ese libro, hoy sólo se ha convertido en un capítulo y, por fin, terminó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario