También archivé tu chat, no me gusta ver tu conversación recorrerse más y más en la lista conforme me llegan mensajes de otras personas, pero nunca tuyos.
Esperé, dieron las 12:39 y hasta ese momento mandaste un mensaje que decía una palabra, una única palabra. Esperé, creí que agregarías algo más, una pregunta, un sticker. Nada. Solo una palabra. Así que me hice de desayunar, vi una película y después de eso te respondí con un “Hola”. Hasta el momento que escribo esto no ha habido respuesta y, para serte honesta, no sé si la quiero.
Los últimos días cada que intercambiamos mensajes termino sintiéndome menos, siempre a un lado, innecesaria y creo que no quiero escribirte porque no quiero sentirme igual.
¿Es un sentimiento nuevo? No.
Debo ser honesta, analizando mis propias conductas sé que temo no ser suficiente casi todo el tiempo, en el trabajo, con mis amigas, contigo. Partiendo desde este hecho durante meses he justificado tu conducta con un “¿realmente ella te ignora o es tu cabeza dándote ideas poco reales?” “¿No será acaso que tú eres la exagerada, la que no está entendiendo su ritmo de vida y su forma de querer?”
Me deslumbré yo sola, creo. A estas alturas de mi vida he aprendido a ubicar cuando mis conductas vienen de mis propios miedos o carencias y también a diantiguir cuando el problema no lo generé yo, sino que parte de los otros. Contigo me ha costado tanto trabajo separar porque en mi cabeza eres alguien incapaz de lastimarme, de herirme, prefiero quedar yo como la loca intensa, que reconocerte como alguien que me hiere.
Que carajo, que intenso. Esta es la parte difícil, porque en una relación con violencias más marcadas es muy rápido decir “esta persona me lastima”, pero cuando tu pareja parece ser dulce, tierna y comprensiva con todos menos contigo en automático se enciende la alerta de “¿la mala soy yo?”
Y es que sí, casi todas las personas que te conocen te quieren, en automático eres la mujer agradable, inteligente, graciosa, sarcástica, tus amigas aman de ti tu posibilidad de amar y estar presente, tu cariño que parece incondicional.
Entonces aparece esta loca, que vive contigo 24/7 para decir “oye, pero ¿por qué yo no estoy recibiendo ese trato premium?”
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