sábado, 29 de febrero de 2020

Cartas para Ana S/N


Ana:

Hoy he entendido que las cosas han pasado, el tiempo, los días, casi los meses. He entendido que estamos llenas de adiós y vacías de encuentros. Sabes? Escribir estas cartas tiene sentido para mí, me hace sentir bien, disminuye mi ansiedad, me ayuda a simular que puedo contarte mis recuerdos, las cosas que me pasan en el día, sin embargo entiendo que la persona a la que evoco en mis cartas puede no existir más y aunque duele es una consecuencia que debo asumir.
Pensé dejar de escribir, dejar de recordar, pero no quiero. Es posible que la Ana que existe en algún sitio de la CDMX no sea más la que me amó, pero aquí en mis letras ella aún está presente, aún la siento, aún puedo decirle que la amo sin temor a ser imprudente, aún hay esperanza.
Total, que para eso sirve la escritura: para recordar lo que fue, describir lo que es, imaginar lo que podría ser...

lunes, 24 de febrero de 2020

Cartas para Ana IV

Ana:

Escribirte sigue siendo mi terapia favorita, me hace los días más llevaderos, más tranquilos, en general se me reduce la ansiedad. Estaba pensando en ti y en cómo llegaste a mi vida, dice Milena Busquets que “Todos vemos cosas distintas, todos vemos siempre lo mismo, y lo que vemos nos define absolutamente. Y amamos instintivamente a los que ven lo mismo que nosotros, y les reconocemos al instante”; y creo que eso fue lo que me pasó contigo, te reconocí desde el momento en que conversamos por primera vez, aquella ocasión cuando me abordaste mediante un mensaje personal en Twitter dejándome bien en claro que querías algo más que mi amistad.
Fue un instante fugaz el que me dijo que éramos compatibles, me hablaste de música, me hablaste de tus gustos, de tu familia, de tus ganas de cambiar el mundo y luego, escuché tu voz.
Todo mundo sabe que tu voz es lo que más amo, me gustaría mucho recordar toda la primera conversación, sin embargo, sólo recuerdo que estaba sentada en la escalera de mi casa, ahí donde solía tener buena recepción y comencé a reír mucho cuando escuche tu voz nerviosa por no poder decir nada. Amé decirte que me gustaba tu voz de locutora de radio, tú reíste más, en ese momento no sabía cómo se veía tu carita al sonreír, hoy es un recuerdo que evoco muy seguido.
Ay carajo, cómo te extraño, cómo quisiera que estuvieras aquí para verte reír una vez más, para abrazarte y tocar tu rostro mientras miro tus ojos pequeños y siento tus manos alrededor de mi cuerpo.
En fin, ya empecé a pensar en cosas que no puedo tener, dice mi psicóloga que es mejor hablar de lo que tuve y planear desde lo real, ¿qué es real para mí? No lo sé, sólo sé que te extraño tanto que duele y ya no quiero que duelas porque el amor que siento por ti debe ser más grande que eso, mucho más grande.

domingo, 23 de febrero de 2020

Cartas para Ana III

Amada Ana:

Iba a comenzar esta carta con un "Mi muy amada Ana" pero me di cuenta que tú eres muy tuya y para nada mía, que suena mejor si te digo que te amo así, en libertad.
Extraño hablar contigo, sin embargo, estas cartas me ayudan, me hacen pensar y decir todo aquello que me gustaría compartirte y que ahora ya no puedo. 
Una amiga ha subido a facebook las fotografias de su compromiso con su novia, ¿sabes? Le ha pedido matrimonio en el castillo de Chapultepec, en el mirador. En cuanto las vi no pude evitar llorar, ¿lo recuerdas? Hace años nosotras estábamos ahí, fue cuando me diste un anillo tejido con una flor y me pediste casarnos; éramos muy jóvenes, muy tiernas e ilusas. 
Sin embargo, recuerdo que en ese momento, en ese espacio, cuando dije que sí lo hice con todas las ganas de mi alma y con todo el deseo de que fuera verdad.
El destino, la vida, las fuerzas cósmicas o simplemente una serie de malas decisiones son las que hoy dejan ese momento de nuestras vidas sólo en el recuerdo. Sé que no fue la única ocasión que me pediste matrimonio pero fue la más memorable porque me llevaste ahí, al sitio donde otra loca esperaba al amor de su vida cada día. 
En noches como esta me gana la ansiedad y te llamo, tal vez con la esperanza de que respondas, tal vez con la certeza de que no será así, igual lo hago, igual me palpita el corazón más rápido mientras el teléfono da tonos y luego, como dice la canción, me deja en buzón ¿será que con otra estás? 
Ay Ana, estás tan clavada en mi mente que le tuvieron que subir la dosis a mi medicamento para poder dormir y eso no es responsabilidad tuya, sólo lo cuento porque es parte de este proceso y quiero entenderlo, procesarlo, documentar la evolución o el retroceso.
Hoy te extraño, mañana quizá no.

viernes, 21 de febrero de 2020

Sobre mí y mis demonios.


Hace un año me explotó la cabeza, hace un año el conejo blanco me dejó varada en el país de las maravillas y la reina roja me encerró en una torre. En el encierro me di cuenta que no soy lo que creía, toda la travesía me hizo cambiar, o quizá sea que siempre fuí así y no lo quería ver; cómo sea, hoy entiendo que soy lo que muchos llamarían "una mala persona". 
Hasta hace poco creía conservar ciertas amistades que entedían los procesos de mi mente, de mi personalidad trastornada, hoy sé que no es así, que entenderme es difícil, complicado en sí mismo y que yo tampoco coopero demasiado. Pasé tantos años intentando cubrir las necesidades y afectos de quienes me rodeaban que ahora que literalmente mi interés por hacerlo es nulo el mundo es cachito más hostil.
En fin, que esto comienza a sonar como una disculpa o justificación por ser cómo soy y no, no voy a disculparme, no voy a hacerme chiquita, ni voy a correr a decirles que soy quien quieren que sea sólo para que me amen.
Me volé la cabezá hace un año por tonterías, esta ocasión no será igual, ya encontré la llave de mi celda, ahora puedo disfrutar del país que visito.

jueves, 20 de febrero de 2020

Cartas para Ana II

Cartas para Ana II
Hace casi ocho años conocí a una mujer maravillosa, ni ella ni yo sabíamos que al cruzarnos, ella con mis letras y yo con su fotografía, se iniciaría la historia más bella de mi vida. 
La recuerdo ese día de septiembre caminando hacia mí en la recepción de un hotel, estaba nerviosa, ansiosa, me sentía desequilibrada y entonces me sostuvo entre sus brazos tal y como lo haría muchas veces más.
Ana, Ana, su nombre resuena en mi cabeza, escucho su voz en los audios que aún guardo y las lágrimas se cuelan por mis ojos, porque es inminente, es obvio, que el corazón se me ha desarmado desde su despedida.
"Te amo, pero no quiero estar contigo" fueron sus últimas palabras mientras yo me quedaba con la última promesa que rompí y la absurda idea de que siempre habría un mañana.
Es interesante cómo yo más que nadie debía saber que la vida y los momentos son impredecibles, que un día está y al siguiente no, que la paciencia también es finita, que en esta vida todo pasa.
Di por hecho que habría otros abrazos, otras terminales, otros viajes, di por hecho tanto tiempo que no valoré los últimos 10 minutos en la cama de su cuarto, la última media hora extra que me dió el autobus que me dejó.
Fui tan absurda, tan boba.
Ahora sólo queda el recuerdo, sólo queda la voz que repito en mi teléfono porque es el único te amo que queda.
Quedan el recuerdo y le acompañan las lamentaciones.

Cartas para Ana

Escribir para ti nunca ha sido fácil, quizá porque eres mejor en esto que yo, quizá porque siempre me ha parecido que nada de lo que diga será suficiente para describir lo que siento.
Intentaré hacerlo, intentaré describirte.
“¡Qué lástima que el ardor alborotado se transforme en amor calmado! A mí lo que me gusta es el alboroto.” A mí también me gusta el alboroto, igual que a Isabel Allende me da lástima que un amor se apague, que se quede en cenizas, a mí me gusta el fuego, la sensación, el disparate.
Quizá me gusta porque yo también estoy loca y las locas sólo sabemos amar de una manera, sin medida, desenfrenadas, desprovistas de pena o sigilo. Te he amado como una loca, con el calor de mi corazón y el frío de mis lágrimas. Pienso en ti mientras escribo esto y te imagino a miles de kilómetros construyendo el sueño que en una cama de hotel me contaste alguna vez.
Tú te convertiste en mi compañera, a tu lado y en la distancia los momentos dolorosos de mi vida se hicieron soportables, siempre con tu mano sosteniendo firmemente la mía aún cuando mi mente desquiciada quisiera soltarte.
Y es que eso es lo más encantador de ti, la manera en que has logrado mirar a través de mis ojos y descubrir lo que te digo sin palabras.
Te he visto mirarme, no te das cuenta, pero tus ojos sobre mí me vuelven digna, amable, sútil; y aún así tus ojos me permiten ser todo lo volátil que quiera, todo lo impensable de mis ideas se vuelve realidad si voy de tu mano. Te he sentido acariciarme por las noches, me tocas como si fuera a romperme, es cierto, es cierto que soy tan frágil y tan vulnerable que me puedes hacer pedazos si lo deseas, pero has decidido amarme, acompañarme a enfrentar al mundo volviéndome más y más fuerte con cada paso.
Me escuchas, tus labios dibujan una sonrisa cuando mi voz de niña te cuenta las historias más increíbles, los sueños más extraños, tu voz me impulsa y me dice que no hay un límite, que podría conquistar ciudades enteras si me lo propusiera contigo como mi fiel aliada.
¿Lo imaginas, un país gobernado por nosotras? Yo ni de chiste lo pienso, me pongo realista y me conformo con un departamento ordenado, con 4 o 5 perros, dos hijos y miles miles de pinturas y libros que nos encante leernos la una a la otra durante las madrugadas que mi insomnio de escritora no me deje descansar.
Me escribes diciéndome que soy maravillosa y una ola de emociones se apodera de mí, me detengo un instante a pensar en lo afortunada que fui por coincidir contigo bajo el mismo cielo, con las mismas constelaciones de testigos, realmente tuve suerte de vivir en el mismo momento que tú.
Te amo, con la locura que los antidepresivos controlan pero que cuando se desencadena es capaz de hacer vibrar cada parte de mi cuerpo, te amo, con el coraje desenfrenado que me ha hecho levantarme del piso cada vez que he tropezado, te amo, con las letras que escribo cada que se me atoran en el pecho y necesito una hoja para dejarlas ser.
Te amo con la inspiración que me da una buena canción mientras converso contigo a lo lejos y te siento cerca, susurrándome lo bella que está la noche y lo mucho que me deseas.
Te amo y se siente tan bien decirlo, dejarme llevar por la sensación de saber que mi afectos están a salvo contigo.
Tú y yo podríamos conquistar el mundo si queremos, pero somos felices con el universo que creamos cuando conversamos toda una noche en los sillones color morado de tu casa, en la enorme cama qué hay en la mía o a través de un celular que nos acerca aunque no tengamos ni siquiera el mismo uso horario.
Quizá cuando sea anciana, si es que mi cuerpo me permite llegar a tan maravilloso suceso, contaré historias en la calle para vivir de ellas, y mi favorita será esa en la que hablo sobre el amor más bello de mi vida, tu nombre se repetirá tantas y tantas veces que quién la escuche también se enamorará de ti, y tu recuerdo será evocado por tantos que no morirás, serás eterna.
No puedo esperar a que leas esto, hoy después de un largo tiempo he querido escribirle al amor que sí siento, porque escribir de tristeza y dolor cualquiera puede, sobre todo yo. Para mí lo impensable es escribirle al amor, escribirte a ti.
Y es que escribir para ti nunca ha sido fácil... pero quiero hacerlo.