jueves, 20 de febrero de 2020

Cartas para Ana

Escribir para ti nunca ha sido fácil, quizá porque eres mejor en esto que yo, quizá porque siempre me ha parecido que nada de lo que diga será suficiente para describir lo que siento.
Intentaré hacerlo, intentaré describirte.
“¡Qué lástima que el ardor alborotado se transforme en amor calmado! A mí lo que me gusta es el alboroto.” A mí también me gusta el alboroto, igual que a Isabel Allende me da lástima que un amor se apague, que se quede en cenizas, a mí me gusta el fuego, la sensación, el disparate.
Quizá me gusta porque yo también estoy loca y las locas sólo sabemos amar de una manera, sin medida, desenfrenadas, desprovistas de pena o sigilo. Te he amado como una loca, con el calor de mi corazón y el frío de mis lágrimas. Pienso en ti mientras escribo esto y te imagino a miles de kilómetros construyendo el sueño que en una cama de hotel me contaste alguna vez.
Tú te convertiste en mi compañera, a tu lado y en la distancia los momentos dolorosos de mi vida se hicieron soportables, siempre con tu mano sosteniendo firmemente la mía aún cuando mi mente desquiciada quisiera soltarte.
Y es que eso es lo más encantador de ti, la manera en que has logrado mirar a través de mis ojos y descubrir lo que te digo sin palabras.
Te he visto mirarme, no te das cuenta, pero tus ojos sobre mí me vuelven digna, amable, sútil; y aún así tus ojos me permiten ser todo lo volátil que quiera, todo lo impensable de mis ideas se vuelve realidad si voy de tu mano. Te he sentido acariciarme por las noches, me tocas como si fuera a romperme, es cierto, es cierto que soy tan frágil y tan vulnerable que me puedes hacer pedazos si lo deseas, pero has decidido amarme, acompañarme a enfrentar al mundo volviéndome más y más fuerte con cada paso.
Me escuchas, tus labios dibujan una sonrisa cuando mi voz de niña te cuenta las historias más increíbles, los sueños más extraños, tu voz me impulsa y me dice que no hay un límite, que podría conquistar ciudades enteras si me lo propusiera contigo como mi fiel aliada.
¿Lo imaginas, un país gobernado por nosotras? Yo ni de chiste lo pienso, me pongo realista y me conformo con un departamento ordenado, con 4 o 5 perros, dos hijos y miles miles de pinturas y libros que nos encante leernos la una a la otra durante las madrugadas que mi insomnio de escritora no me deje descansar.
Me escribes diciéndome que soy maravillosa y una ola de emociones se apodera de mí, me detengo un instante a pensar en lo afortunada que fui por coincidir contigo bajo el mismo cielo, con las mismas constelaciones de testigos, realmente tuve suerte de vivir en el mismo momento que tú.
Te amo, con la locura que los antidepresivos controlan pero que cuando se desencadena es capaz de hacer vibrar cada parte de mi cuerpo, te amo, con el coraje desenfrenado que me ha hecho levantarme del piso cada vez que he tropezado, te amo, con las letras que escribo cada que se me atoran en el pecho y necesito una hoja para dejarlas ser.
Te amo con la inspiración que me da una buena canción mientras converso contigo a lo lejos y te siento cerca, susurrándome lo bella que está la noche y lo mucho que me deseas.
Te amo y se siente tan bien decirlo, dejarme llevar por la sensación de saber que mi afectos están a salvo contigo.
Tú y yo podríamos conquistar el mundo si queremos, pero somos felices con el universo que creamos cuando conversamos toda una noche en los sillones color morado de tu casa, en la enorme cama qué hay en la mía o a través de un celular que nos acerca aunque no tengamos ni siquiera el mismo uso horario.
Quizá cuando sea anciana, si es que mi cuerpo me permite llegar a tan maravilloso suceso, contaré historias en la calle para vivir de ellas, y mi favorita será esa en la que hablo sobre el amor más bello de mi vida, tu nombre se repetirá tantas y tantas veces que quién la escuche también se enamorará de ti, y tu recuerdo será evocado por tantos que no morirás, serás eterna.
No puedo esperar a que leas esto, hoy después de un largo tiempo he querido escribirle al amor que sí siento, porque escribir de tristeza y dolor cualquiera puede, sobre todo yo. Para mí lo impensable es escribirle al amor, escribirte a ti.
Y es que escribir para ti nunca ha sido fácil... pero quiero hacerlo.

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