Ana:
Escribirte sigue siendo mi terapia favorita, me hace los días más llevaderos, más tranquilos, en general se me reduce la ansiedad. Estaba pensando en ti y en cómo llegaste a mi vida, dice Milena Busquets que “Todos vemos cosas distintas, todos vemos siempre lo mismo, y lo que vemos nos define absolutamente. Y amamos instintivamente a los que ven lo mismo que nosotros, y les reconocemos al instante”; y creo que eso fue lo que me pasó contigo, te reconocí desde el momento en que conversamos por primera vez, aquella ocasión cuando me abordaste mediante un mensaje personal en Twitter dejándome bien en claro que querías algo más que mi amistad.
Fue un instante fugaz el que me dijo que éramos compatibles, me hablaste de música, me hablaste de tus gustos, de tu familia, de tus ganas de cambiar el mundo y luego, escuché tu voz.
Todo mundo sabe que tu voz es lo que más amo, me gustaría mucho recordar toda la primera conversación, sin embargo, sólo recuerdo que estaba sentada en la escalera de mi casa, ahí donde solía tener buena recepción y comencé a reír mucho cuando escuche tu voz nerviosa por no poder decir nada. Amé decirte que me gustaba tu voz de locutora de radio, tú reíste más, en ese momento no sabía cómo se veía tu carita al sonreír, hoy es un recuerdo que evoco muy seguido.
Ay carajo, cómo te extraño, cómo quisiera que estuvieras aquí para verte reír una vez más, para abrazarte y tocar tu rostro mientras miro tus ojos pequeños y siento tus manos alrededor de mi cuerpo.
En fin, ya empecé a pensar en cosas que no puedo tener, dice mi psicóloga que es mejor hablar de lo que tuve y planear desde lo real, ¿qué es real para mí? No lo sé, sólo sé que te extraño tanto que duele y ya no quiero que duelas porque el amor que siento por ti debe ser más grande que eso, mucho más grande.
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