Amada Ana:
Iba a comenzar esta carta con un "Mi muy amada Ana" pero me di cuenta que tú eres muy tuya y para nada mía, que suena mejor si te digo que te amo así, en libertad.
Extraño hablar contigo, sin embargo, estas cartas me ayudan, me hacen pensar y decir todo aquello que me gustaría compartirte y que ahora ya no puedo.
Una amiga ha subido a facebook las fotografias de su compromiso con su novia, ¿sabes? Le ha pedido matrimonio en el castillo de Chapultepec, en el mirador. En cuanto las vi no pude evitar llorar, ¿lo recuerdas? Hace años nosotras estábamos ahí, fue cuando me diste un anillo tejido con una flor y me pediste casarnos; éramos muy jóvenes, muy tiernas e ilusas.
Sin embargo, recuerdo que en ese momento, en ese espacio, cuando dije que sí lo hice con todas las ganas de mi alma y con todo el deseo de que fuera verdad.
El destino, la vida, las fuerzas cósmicas o simplemente una serie de malas decisiones son las que hoy dejan ese momento de nuestras vidas sólo en el recuerdo. Sé que no fue la única ocasión que me pediste matrimonio pero fue la más memorable porque me llevaste ahí, al sitio donde otra loca esperaba al amor de su vida cada día.
En noches como esta me gana la ansiedad y te llamo, tal vez con la esperanza de que respondas, tal vez con la certeza de que no será así, igual lo hago, igual me palpita el corazón más rápido mientras el teléfono da tonos y luego, como dice la canción, me deja en buzón ¿será que con otra estás?
Ay Ana, estás tan clavada en mi mente que le tuvieron que subir la dosis a mi medicamento para poder dormir y eso no es responsabilidad tuya, sólo lo cuento porque es parte de este proceso y quiero entenderlo, procesarlo, documentar la evolución o el retroceso.
Hoy te extraño, mañana quizá no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario