Desde la diversidad de mi mirada.
jueves, 26 de febrero de 2026
Cartas para no morir.
No quiero morir.
Me aferro a la vida, a sus matices, a su impermanencia.
Me sostengo en ella, le brindo confianza ciega a su movimiento, a su tiempo, a la dulzura de sus amaneceres.
Me siento tan alta, tan lejana, caigo en picada y vuelvo a subir. Soy como una ave recién nacida que vuela hasta que cae del nido.
Si avanzo lo suficiente, si me hago una con el viento, quizá sobreviva el vuelo, las tempestades, los lugares que no conozco.
Me aferro a la vida porque se lo merece, porque al caer en la eterna muerte no hay nada y quiero beberla toda, saborearla y morir satisfecha.
De tantas cosas que amé, la comida que probé, lugares que visité, personas que me complementaron y luego se fueron o que continuaron conmigo en este andar.
Uso toda mi fuerza, mi ternura, el mundo necesita resistencia, no es velocidad, es disfrute.
Que este transitar por el dolor me sea leve, seguro y pacífico para retomar el vuelo y volver a comenzar.
Última carta para Ana.
Ana:
No sé por qué te escribo, si no vas a leerlo. O capaz lo lees pero no tienes el alma para entenderlo. Hay noches como hoy que te pienso demasiado, que te extraño y a cada minuto me cuestiono el pasado.
Me dejaste la costumbre de esperarte aunque no vuelvas y una colección de miedos para que sola los resuelva. Me he quedado rota, siendo una habitante extraña de mi propio cuerpo, un fantasma que camina sin paz ni sustento.
A veces quisiera tener algo tuyo a lo que aferrarme, porque tu olor se ha ido y tú sonrisa se fragmenta. Te sigo queriendo tanto que mi propia mente me integra a tu ausencia. Noviembre se veía tan cerca y ahora ya no existe, te deseo el equilibrio que siempre mereciste. Deseo que donde sea que vayas sepas que una parte de ti en mí se queda, que fuimos viento y aire y fuego y agua. Y que te amé tan profundamente que tú herida me quema.
Está es mi última carta, guárdala, quémala, llévala a donde quieras, no volveré a hablarte de amor, ni de sentimientos que ya bastantes tengo atorados en el pecho.
Puedes estar segura y tranquila de que es mi último texto. ya no tengo más tinta que darte y tampoco más lágrimas, hoy te las has llevado todas. Te dejo este dolor en este párrafo, para ver si por fin se me calma el alma y para por fin dejarte ir. No te lo lleves, contémplalo un rato y déjalo libre. Me voy con mis errores y mis traumas en una bolsa que pesa tanto como tu partida, a la espera de resolverlos y aprender a vivir tranquila. Buenas noches para siempre, dulces sueños toda la vida.
Atentamente
Tu Fanny
Cartas a Ana.
Espero a que me haga sentido,
Este llanto, el vacío, la tristeza,
No llega y me siento cansada,
Aunque duerma, coma, sueñe y continúe.
Estoy esperando y me resigno cada día,
Respiro, medito, me río y vuelvo a empezar.
Respiro, medito, duermo y sueño.
Camino, escribo, medito y lloro.
¿Hasta cuándo terminará el duelo?
Tú ya te has ido y yo sigo en la espera,
Anclada en los momentos del pasado,
Anestesiada hasta los huesos.
Ya se me acabaron las hojas y la esperanza de escribirte.
Los espacios en blanco se me llenaron ya de lágrimas.
Veo tu fotografía extraña, ya no te reconozco.
Veo mi reflejo y no me encuentro.
¿Hasta cuándo volveré?
Respiro, medito, me río y y vuelvo a empezar.
No quiero que la esperanza se vuelva cárcel.
Respiro, medito, duermo y sueño.
No quiero perderme entre sollozos.
Camino, medito, escribo y lloro,
Porque la vida es eso, eterno movimiento.
Espero a que esto me haga sentido…
miércoles, 25 de febrero de 2026
Madre.
Mami, me haces tanta falta en este momento, tu abrazo, tu compresión, tu complicidad.
Me hubiera gustado tanto que me vieras, que estuvieras conmigo y que el día de hoy al sentir al mundo venirse abajo pudieras ser refugio.
Lo intenté mami, intenté ser feliz con ella, intenté hacer las cosas bien y fracasé, nos rompimos el corazón y no sé cómo reparar el mío.
Mami, siempre dijiste que era ella, le pediste que me cuidara y lo hizo; pero todo se ha terminado y yo no sé cómo seguir.
La extraño tanto y duele, yo sé que debíamos terminar, seguir cada quien por su camino pero es muy difícil. Con ella se quedan mis sueños, mis ideas, el plan de vida.
Sé que ahora debo continuar, pero es tan duro, tan complejo. Como si hubiera muerto sin morir, yo soy experta en perder y aún así el hueco en mi pecho no tiene fin.
Mami, ojalá estuvieras aquí porque no puedo sola. Me siento rota, incompleta, ni las drogas psiquiátricas me quitan el pensamiento, la idea.
Ven, por favor visítame en sueños, dime que el corazón se me va a recuperar y que todo esto va a pasar, dímelo ma porque no le veo el fin.
Te fallé en la promesa, ojalá tú también puedas perdonarme.
Cartas.
Ojalá algún día leas esto, quizá en algún momento me anime a mostrarte todo lo que pase en esta distancia pero lo más seguro es que solo se quede conmigo, que no pase, por qué ¿qué caso tendría? No vas a volver y yo no voy a rogarte. Se ha roto tanto que intentar pegar las piezas de todo sería imposible, no puedo volver a tu casa, no puedo volver a tu familia y tus amigos me odian; por mucho amor que me tuvieras eso no bastaría.
Ay Ana, esto no debió terminar así, ojalá hubiéramos podido repararlo en lugar de solo seguir y dejar las heridas abiertas y supurantes, infectándonos la vida y el alma.
Ojalá, ojalá, ojalá…