jueves, 26 de febrero de 2026

Cartas para no morir.

Hoy me levanté más estable que ayer, desde que abrí los ojos lo primero que pensé fue en dejar de llorar igual, la cabeza me dolió y los ojos se me cerraban todo el día anterior por la noche en vela.

Fue difícil, fue duro e implacable el sentimiento que me creció en el pecho y me quitó la respiración un rato, bueno, el resto del día cuando cualquier cosa me provocaba llanto.

Hoy recibí la noticia, mi proceso de titulación está cada vez más cerca, es curioso como cuando pierdes también ganas, así pareciera funcionar el mundo.

Mis amigas me han dicho, después de preguntar como buena acosadora, que ella las ha eliminado de sus redes sociales. Al inicio me sorprendió, después pensé ¡Qué inmadurez! Como si con eliminarme y eliminarlas pudiera borrar catorce años de historia, sin embargo, después pensé más seriamente que era su forma de sanar y la dejé; yo tampoco quiero saber si ya está enamorada si sonríe, si vive o muere. Bueno, la verdad es que sí quisiera saberlo, pero ¿Me haría bien o sólo más daño? No lo quiero adivinar aunque creo saber la respuesta, sigue teniendo un cuchillo en la mano que usa para lastimarme con sus palabras y la razón de dejarla fue estar harta de recibir daño y justificarme todo el tiempo, así que no, no la neccesito cerca.

Ya se rompieron suficientes promesas, la ayuda, el cuidado, que nos veríamos para ir a cenar, que hablaríamos, que en noviembre podríamos pensar en volver, todo se fue a la mierda así que una red social no haría la diferencia.

La verdad se veía bastante bien así que la distancia le funciona y es correcto. La vi infeliz tantos días que al menos es agradable no saberla en el mismo sitio. Ojalá se mueva, ojalá viaje, ojalá sus amigas le digan que era yo la que la detenía y le haga un cambio radical a su vida, que me eche la culpa de todo, porque esta vez cargaría la funa sin tema. No es mi primer incendio y no será el último,

Mi recuperación parece ser lenta, en una semana van a revisarme y espero deshacerme de este yeso y comenzar la rehabilitación, es mi cuerpo ahora el que necesita terapias para regenerarse y volver a sostenerme, pero mi mente sobrevive con terapia cada quince días que me mantiene cuerda y pendiente.

Cuento los días para poner ambos pies en el suelo, para volver al gimnasio que se me ha cobrado por dos meses, ir a trabajar, caminar, moverme a mi antojo. Alba me ha dicho que fue bueno haberme roto el pie y quedarme quieta dos meses, que no se imaginaba lo que hubiera hecho en esta situación de haber tenido la movilidad suficiente. Su mayor miedo son mis conductas de riesgo, no la culpo, si yo fuera amiga de mí misma también lo sentiría.
Pero no, no voy a correr a las camas de extraños, no voy a exponerme a romperle el corazón a personas, ni alcoholizarme hasta morir, drogarme o intentar un suicidio, ya estoy grande para eso. Hoy lo único que quiero es ser la perra más egoísta del condado, crecer y crecer sin mirar atrás, la inspiración ya la tengo.

En fin, palabras más, palabras menos, hoy fue un buen día y mañana tal vez no, pero hoy gané y eso es un logro.

No quiero morir.

 Me aferro a la vida, a sus matices, a su impermanencia.

Me sostengo en ella, le brindo confianza ciega a su movimiento, a su tiempo, a la dulzura de sus amaneceres. 

Me siento tan alta, tan lejana, caigo en picada y vuelvo a subir. Soy como una ave recién nacida que vuela hasta que cae del nido.

Si avanzo lo suficiente, si me hago una con el viento, quizá sobreviva el vuelo, las tempestades, los lugares que no conozco.

Me aferro a la vida porque se lo merece, porque al caer en la eterna muerte no hay nada y quiero beberla toda, saborearla y morir satisfecha. 

De tantas cosas que amé, la comida que probé, lugares que visité, personas que me complementaron y luego se fueron o que continuaron conmigo en este andar.

Uso toda mi fuerza, mi ternura, el mundo necesita resistencia, no es velocidad, es disfrute. 

Que este transitar por el dolor me sea leve, seguro y pacífico para retomar el vuelo y volver a comenzar.

Última carta para Ana.

Ana:


No sé por qué te escribo, si no vas a leerlo. O capaz lo lees pero no tienes el alma para entenderlo. Hay noches como hoy que te pienso demasiado, que te extraño y a cada minuto me cuestiono el pasado. 

Me dejaste la costumbre de esperarte aunque no vuelvas y una colección de miedos para que sola los resuelva. Me he quedado rota, siendo una habitante extraña de mi propio cuerpo, un fantasma que camina sin paz ni sustento.

A veces quisiera tener algo tuyo a lo que aferrarme, porque tu olor se ha ido y tú sonrisa se fragmenta. Te sigo queriendo tanto que mi propia mente me integra a tu ausencia. Noviembre se veía tan cerca y ahora ya no existe, te deseo el equilibrio que siempre mereciste. Deseo que donde sea que vayas sepas que una parte de ti en mí se queda, que fuimos viento y aire y fuego y agua. Y que te amé tan profundamente que tú herida me quema. 

Está es mi última carta, guárdala, quémala, llévala a donde quieras, no volveré a hablarte de amor, ni de sentimientos que ya bastantes tengo atorados en el pecho. 

Puedes estar segura y tranquila de que es mi último texto. ya no tengo más tinta que darte y tampoco más lágrimas, hoy te las has llevado todas. Te dejo este dolor en este párrafo, para ver si por fin se me calma el alma y para por fin dejarte ir. No te lo lleves, contémplalo un rato y déjalo libre. Me voy con mis errores y mis traumas en una bolsa que pesa tanto como tu partida, a la espera de resolverlos y aprender a vivir tranquila. Buenas noches para siempre, dulces sueños toda la vida.


Atentamente

Tu Fanny

Cartas a Ana.

Espero a que me haga sentido,

Este llanto, el vacío, la tristeza,

No llega y me siento cansada,

Aunque duerma, coma, sueñe y continúe.

Estoy esperando y me resigno cada día,

Respiro, medito, me río y vuelvo a empezar.

Respiro, medito, duermo y sueño.

Camino, escribo, medito y lloro.

¿Hasta cuándo terminará el duelo?

Tú ya te has ido y yo sigo en la espera,

Anclada en los momentos del pasado,

Anestesiada hasta los huesos. 

Ya se me acabaron las hojas y la esperanza de escribirte.

Los espacios en blanco se me llenaron ya de lágrimas.

Veo tu fotografía extraña, ya no te reconozco.

Veo mi reflejo y no me encuentro.

¿Hasta cuándo volveré?

Respiro, medito, me río y y vuelvo a empezar.

No quiero que la esperanza se vuelva cárcel.

Respiro, medito, duermo y sueño.

No quiero perderme entre sollozos.

Camino, medito, escribo y lloro,

Porque la vida es eso, eterno movimiento.

Espero a que esto me haga sentido…

miércoles, 25 de febrero de 2026

Madre.

 

Mami, me haces tanta falta en este momento, tu abrazo, tu compresión, tu complicidad.

Me hubiera gustado tanto que me vieras, que estuvieras conmigo y que el día de hoy al sentir al mundo venirse abajo pudieras ser refugio. 

Lo intenté mami, intenté ser feliz con ella, intenté hacer las cosas bien y fracasé, nos rompimos el corazón y no sé cómo reparar el mío. 

Mami, siempre dijiste que era ella, le pediste que me cuidara y lo hizo; pero todo se ha terminado y yo no sé cómo seguir.

La extraño tanto y duele, yo sé que debíamos terminar, seguir cada quien por su camino pero es muy difícil. Con ella se quedan mis sueños, mis ideas, el plan de vida. 

Sé que ahora debo continuar, pero es tan duro, tan complejo. Como si hubiera muerto sin morir, yo soy experta en perder y aún así el hueco en mi pecho no tiene fin. 

Mami, ojalá estuvieras aquí porque no puedo sola. Me siento rota, incompleta, ni las drogas psiquiátricas me quitan el pensamiento, la idea. 

Ven, por favor visítame en sueños, dime que el corazón se me va a recuperar y que todo esto va a pasar, dímelo ma porque no le veo el fin.

Te fallé en la promesa, ojalá tú también puedas perdonarme. 

Cartas.

 Ojalá algún día leas esto, quizá en algún momento me anime a mostrarte todo lo que pase en esta distancia pero lo más seguro es que solo se quede conmigo, que no pase, por qué ¿qué caso tendría? No vas a volver y yo no voy a rogarte. Se ha roto tanto que intentar pegar las piezas de todo sería imposible, no puedo volver a tu casa, no puedo volver a tu familia y tus amigos me odian; por mucho amor que me tuvieras eso no bastaría. 

Ay Ana, esto no debió terminar así, ojalá hubiéramos podido repararlo en lugar de solo seguir y dejar las heridas abiertas y supurantes, infectándonos la vida y el alma.

Ojalá, ojalá, ojalá…

Futuro.


Pensé en el futuro, en ti saliendo con alguien, en ti enamorada de alguien más y la sola idea me aturdió. 
El pensamiento viene desde mi ego, con una voz que me dice ¿por quién vas a cambiarme? ¿Con quién vas a decidir ser feliz? Siempre creí que nos pertenecíamos, que yo era tuya y tú eras mía, que pasara lo que pasara siempre sabríamos cómo volver. 
Soy ilusa, una soñadora enamorada del amor que no entendió que para que eso ocurriera debía haber disposición. 
Quizá reaccioné demasiado tarde para recuperarte y entender el daño que te hice pero fue el momento adecuado para mí, quizá me dañé lo suficiente para entender que no era feliz. 
No es que hayas hecho las cosas mal, tal vez yo necesitaba otro tipo de amor y aunque me repito todos los días que tú eres suficiente para alguien más me aterra la idea que esa persona no soy yo, quería que me eligieras, que siguieras apostando por mí. Y lo hiciste tantas y tantas veces que al final la cuerda se rompió y fue más fácil dejar de intentar.
Te vi en la fotografía, con tu sudadera rosa y un anillo en tu dedo, puta madre, lo primero que pensé fue en quien te lo dio, en quien piensas cuando lo ves y sentí celos, enojo y tristeza. 
Aún en mí existía la idea que volverías, el sueño errático de que un día te darías la vuelta y me mirarías de nuevo. Antes de irme del departamento te dije que esperaría hasta noviembre, que sí me buscabas entonces quizá yo podría intentarlo, yo quería esperarte, pero dijiste que yo no querría volver; hoy sé que quien no dará la vuelta serás tú.
Ojalá seas feliz, dice la canción que ojalá encuentres lo que yo no supe darte aunque yo te haya dado de todo, ojalá que encuentres personas más buenas y que te olvides que existo, te adoré, te perdí, ya ni modos. 
Ojalá puedas volver a amar tan bonito como me amaste a mí, que vuelvas a sentir esa emoción en tu estómago, esa ilusión de verla, de salir con ella, ojalá te enamores tanto tanto que tu corazón se reparé y seas feliz. 
No quiero culparte, no quiero culparme, pero duele tanto que quizá enojarme contigo sea necesario para poder continuar y no aferrarme a la idea de ti.
Sé feliz amor bonito, sé feliz y no mires atrás.