Hoy me he puesto a llorar otra vez, quizá tiene que ver con el anime tan cursi que vi. La mente me ha jugado mal y me ha hecho desear que vinieras por mí, que me llevaras a casa, con nuestras perritas, a nuestra cama. Que me abrazaras y dijeras que todo estaría bien.
Pero ya no es nuestra casa, no es nuestra cama, no son nuestras hijas y tú ya no eres mi esposa.
Qué difícil es reconstruirme la vida sin ti. En este momento no sé si el lugar en donde vivo puede llamarse hogar, me siento más como una invitada con tiempo de caducidad.
Tengo claro quizá que debo volver a Puebla, a la que sí es mi casa, allá en el cerro. Una vez me dijeron que mi casa era donde yo viviera pero no lo sé, hoy me siento sin hogar.
Si lo analizo el departamento fue mi casa pero no del todo, muchas veces te pedí espacio, que me dejaras poner o quitar cosas pero igual me sentía de paso. En realidad no sé a qué quiero volver.
Extraño verte, te escribí para preguntar si podías acompañarme al hospital, dijiste que no, que trabajas. Y aunque por un momento me sentí triste sabía que esa iba a ser la respuesta, desde que estábamos juntas hacer cualquier movimiento en tus horarios por mí era pedirte demasiado. No siempre fue así, sin embargo en los últimos dos años fue más obvio, más real.
Ojalá estés bien, ojalá no te sientas como yo, este dolor en el pecho y las voces en mi cabeza se siente terribles, ojalá no pases por esto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario