jueves, 26 de febrero de 2026

Cartas para no morir.

Hoy me levanté más estable que ayer, desde que abrí los ojos lo primero que pensé fue en dejar de llorar igual, la cabeza me dolió y los ojos se me cerraban todo el día anterior por la noche en vela.

Fue difícil, fue duro e implacable el sentimiento que me creció en el pecho y me quitó la respiración un rato, bueno, el resto del día cuando cualquier cosa me provocaba llanto.

Hoy recibí la noticia, mi proceso de titulación está cada vez más cerca, es curioso como cuando pierdes también ganas, así pareciera funcionar el mundo.

Mis amigas me han dicho, después de preguntar como buena acosadora, que ella las ha eliminado de sus redes sociales. Al inicio me sorprendió, después pensé ¡Qué inmadurez! Como si con eliminarme y eliminarlas pudiera borrar catorce años de historia, sin embargo, después pensé más seriamente que era su forma de sanar y la dejé; yo tampoco quiero saber si ya está enamorada si sonríe, si vive o muere. Bueno, la verdad es que sí quisiera saberlo, pero ¿Me haría bien o sólo más daño? No lo quiero adivinar aunque creo saber la respuesta, sigue teniendo un cuchillo en la mano que usa para lastimarme con sus palabras y la razón de dejarla fue estar harta de recibir daño y justificarme todo el tiempo, así que no, no la neccesito cerca.

Ya se rompieron suficientes promesas, la ayuda, el cuidado, que nos veríamos para ir a cenar, que hablaríamos, que en noviembre podríamos pensar en volver, todo se fue a la mierda así que una red social no haría la diferencia.

La verdad se veía bastante bien así que la distancia le funciona y es correcto. La vi infeliz tantos días que al menos es agradable no saberla en el mismo sitio. Ojalá se mueva, ojalá viaje, ojalá sus amigas le digan que era yo la que la detenía y le haga un cambio radical a su vida, que me eche la culpa de todo, porque esta vez cargaría la funa sin tema. No es mi primer incendio y no será el último,

Mi recuperación parece ser lenta, en una semana van a revisarme y espero deshacerme de este yeso y comenzar la rehabilitación, es mi cuerpo ahora el que necesita terapias para regenerarse y volver a sostenerme, pero mi mente sobrevive con terapia cada quince días que me mantiene cuerda y pendiente.

Cuento los días para poner ambos pies en el suelo, para volver al gimnasio que se me ha cobrado por dos meses, ir a trabajar, caminar, moverme a mi antojo. Alba me ha dicho que fue bueno haberme roto el pie y quedarme quieta dos meses, que no se imaginaba lo que hubiera hecho en esta situación de haber tenido la movilidad suficiente. Su mayor miedo son mis conductas de riesgo, no la culpo, si yo fuera amiga de mí misma también lo sentiría.
Pero no, no voy a correr a las camas de extraños, no voy a exponerme a romperle el corazón a personas, ni alcoholizarme hasta morir, drogarme o intentar un suicidio, ya estoy grande para eso. Hoy lo único que quiero es ser la perra más egoísta del condado, crecer y crecer sin mirar atrás, la inspiración ya la tengo.

En fin, palabras más, palabras menos, hoy fue un buen día y mañana tal vez no, pero hoy gané y eso es un logro.

No quiero morir.

 Me aferro a la vida, a sus matices, a su impermanencia.

Me sostengo en ella, le brindo confianza ciega a su movimiento, a su tiempo, a la dulzura de sus amaneceres. 

Me siento tan alta, tan lejana, caigo en picada y vuelvo a subir. Soy como una ave recién nacida que vuela hasta que cae del nido.

Si avanzo lo suficiente, si me hago una con el viento, quizá sobreviva el vuelo, las tempestades, los lugares que no conozco.

Me aferro a la vida porque se lo merece, porque al caer en la eterna muerte no hay nada y quiero beberla toda, saborearla y morir satisfecha. 

De tantas cosas que amé, la comida que probé, lugares que visité, personas que me complementaron y luego se fueron o que continuaron conmigo en este andar.

Uso toda mi fuerza, mi ternura, el mundo necesita resistencia, no es velocidad, es disfrute. 

Que este transitar por el dolor me sea leve, seguro y pacífico para retomar el vuelo y volver a comenzar.

Última carta para Ana.

Ana:


No sé por qué te escribo, si no vas a leerlo. O capaz lo lees pero no tienes el alma para entenderlo. Hay noches como hoy que te pienso demasiado, que te extraño y a cada minuto me cuestiono el pasado. 

Me dejaste la costumbre de esperarte aunque no vuelvas y una colección de miedos para que sola los resuelva. Me he quedado rota, siendo una habitante extraña de mi propio cuerpo, un fantasma que camina sin paz ni sustento.

A veces quisiera tener algo tuyo a lo que aferrarme, porque tu olor se ha ido y tú sonrisa se fragmenta. Te sigo queriendo tanto que mi propia mente me integra a tu ausencia. Noviembre se veía tan cerca y ahora ya no existe, te deseo el equilibrio que siempre mereciste. Deseo que donde sea que vayas sepas que una parte de ti en mí se queda, que fuimos viento y aire y fuego y agua. Y que te amé tan profundamente que tú herida me quema. 

Está es mi última carta, guárdala, quémala, llévala a donde quieras, no volveré a hablarte de amor, ni de sentimientos que ya bastantes tengo atorados en el pecho. 

Puedes estar segura y tranquila de que es mi último texto. ya no tengo más tinta que darte y tampoco más lágrimas, hoy te las has llevado todas. Te dejo este dolor en este párrafo, para ver si por fin se me calma el alma y para por fin dejarte ir. No te lo lleves, contémplalo un rato y déjalo libre. Me voy con mis errores y mis traumas en una bolsa que pesa tanto como tu partida, a la espera de resolverlos y aprender a vivir tranquila. Buenas noches para siempre, dulces sueños toda la vida.


Atentamente

Tu Fanny

Cartas a Ana.

Espero a que me haga sentido,

Este llanto, el vacío, la tristeza,

No llega y me siento cansada,

Aunque duerma, coma, sueñe y continúe.

Estoy esperando y me resigno cada día,

Respiro, medito, me río y vuelvo a empezar.

Respiro, medito, duermo y sueño.

Camino, escribo, medito y lloro.

¿Hasta cuándo terminará el duelo?

Tú ya te has ido y yo sigo en la espera,

Anclada en los momentos del pasado,

Anestesiada hasta los huesos. 

Ya se me acabaron las hojas y la esperanza de escribirte.

Los espacios en blanco se me llenaron ya de lágrimas.

Veo tu fotografía extraña, ya no te reconozco.

Veo mi reflejo y no me encuentro.

¿Hasta cuándo volveré?

Respiro, medito, me río y y vuelvo a empezar.

No quiero que la esperanza se vuelva cárcel.

Respiro, medito, duermo y sueño.

No quiero perderme entre sollozos.

Camino, medito, escribo y lloro,

Porque la vida es eso, eterno movimiento.

Espero a que esto me haga sentido…

miércoles, 25 de febrero de 2026

Madre.

 

Mami, me haces tanta falta en este momento, tu abrazo, tu compresión, tu complicidad.

Me hubiera gustado tanto que me vieras, que estuvieras conmigo y que el día de hoy al sentir al mundo venirse abajo pudieras ser refugio. 

Lo intenté mami, intenté ser feliz con ella, intenté hacer las cosas bien y fracasé, nos rompimos el corazón y no sé cómo reparar el mío. 

Mami, siempre dijiste que era ella, le pediste que me cuidara y lo hizo; pero todo se ha terminado y yo no sé cómo seguir.

La extraño tanto y duele, yo sé que debíamos terminar, seguir cada quien por su camino pero es muy difícil. Con ella se quedan mis sueños, mis ideas, el plan de vida. 

Sé que ahora debo continuar, pero es tan duro, tan complejo. Como si hubiera muerto sin morir, yo soy experta en perder y aún así el hueco en mi pecho no tiene fin. 

Mami, ojalá estuvieras aquí porque no puedo sola. Me siento rota, incompleta, ni las drogas psiquiátricas me quitan el pensamiento, la idea. 

Ven, por favor visítame en sueños, dime que el corazón se me va a recuperar y que todo esto va a pasar, dímelo ma porque no le veo el fin.

Te fallé en la promesa, ojalá tú también puedas perdonarme. 

Cartas.

 Ojalá algún día leas esto, quizá en algún momento me anime a mostrarte todo lo que pase en esta distancia pero lo más seguro es que solo se quede conmigo, que no pase, por qué ¿qué caso tendría? No vas a volver y yo no voy a rogarte. Se ha roto tanto que intentar pegar las piezas de todo sería imposible, no puedo volver a tu casa, no puedo volver a tu familia y tus amigos me odian; por mucho amor que me tuvieras eso no bastaría. 

Ay Ana, esto no debió terminar así, ojalá hubiéramos podido repararlo en lugar de solo seguir y dejar las heridas abiertas y supurantes, infectándonos la vida y el alma.

Ojalá, ojalá, ojalá…

Futuro.


Pensé en el futuro, en ti saliendo con alguien, en ti enamorada de alguien más y la sola idea me aturdió. 
El pensamiento viene desde mi ego, con una voz que me dice ¿por quién vas a cambiarme? ¿Con quién vas a decidir ser feliz? Siempre creí que nos pertenecíamos, que yo era tuya y tú eras mía, que pasara lo que pasara siempre sabríamos cómo volver. 
Soy ilusa, una soñadora enamorada del amor que no entendió que para que eso ocurriera debía haber disposición. 
Quizá reaccioné demasiado tarde para recuperarte y entender el daño que te hice pero fue el momento adecuado para mí, quizá me dañé lo suficiente para entender que no era feliz. 
No es que hayas hecho las cosas mal, tal vez yo necesitaba otro tipo de amor y aunque me repito todos los días que tú eres suficiente para alguien más me aterra la idea que esa persona no soy yo, quería que me eligieras, que siguieras apostando por mí. Y lo hiciste tantas y tantas veces que al final la cuerda se rompió y fue más fácil dejar de intentar.
Te vi en la fotografía, con tu sudadera rosa y un anillo en tu dedo, puta madre, lo primero que pensé fue en quien te lo dio, en quien piensas cuando lo ves y sentí celos, enojo y tristeza. 
Aún en mí existía la idea que volverías, el sueño errático de que un día te darías la vuelta y me mirarías de nuevo. Antes de irme del departamento te dije que esperaría hasta noviembre, que sí me buscabas entonces quizá yo podría intentarlo, yo quería esperarte, pero dijiste que yo no querría volver; hoy sé que quien no dará la vuelta serás tú.
Ojalá seas feliz, dice la canción que ojalá encuentres lo que yo no supe darte aunque yo te haya dado de todo, ojalá que encuentres personas más buenas y que te olvides que existo, te adoré, te perdí, ya ni modos. 
Ojalá puedas volver a amar tan bonito como me amaste a mí, que vuelvas a sentir esa emoción en tu estómago, esa ilusión de verla, de salir con ella, ojalá te enamores tanto tanto que tu corazón se reparé y seas feliz. 
No quiero culparte, no quiero culparme, pero duele tanto que quizá enojarme contigo sea necesario para poder continuar y no aferrarme a la idea de ti.
Sé feliz amor bonito, sé feliz y no mires atrás.

Infidelidad.


Te engañé,
Me comí tu corazón en pedazos,
Los coleccioné junto a mi ego,
Luego los tiré en el fango.

Es que no soy perfecta,
Dañé y me dañaron,
Y aunque eras inocente,
Pagaste el precio más alto.

Te engañé, me comí tu espíritu,
Me llevé tus sueños,
Carcomí tu esencia,
Y engrandecí mi orgullo.

Pero no soy perfecta,
Al final decidí amarte, 
Con mi falla, con mi dolor,
Y me rompí en pedazos. 

Me engañaste, porque ahora era tu turno,
Porque jamás me perdonaste,
Porque la herida no sanó, se hizo más grande,
Porque ahora la deuda era mía. 

Te amé, tan profundo, tan imperfecto,
Me amaste, tan hondo, tan intenso,
Nos engañamos creyendo ser invensibles,
Nos amamos y ha terminado ya. 

martes, 24 de febrero de 2026

Firmar o no.

 Hoy hablamos, mencionaste el divorcio, la firma de papeles; te dije que aún no me sentía lista para hacerlo, dijiste que tú tampoco pero que era el siguiente paso.

Me duele tanto, hace tan solo unos días habría sido nuestro primer aniversario de bodas. Que culero, que pinche vida tan ogt y tan difícil. 

Y es que esperé tantos años para ser tu esposa que cuando por fin ocurrió todo se fue a la mierda. 

Me has reclamado una y otra vez que te fui infiel, que estar en una relación contigo no me impidió nada, y sí, es cierto; podría dar una lista muy larga de razones por las que lo hice, pero sería justificarme y ya no quiero hacerlo, ya estoy cansada de intentar demostrarte que decidí hacer las cosas diferente, tal vez demasiado tarde, o tal vez en el momento correcto para mí. 

Yo acepto este divorcio, acepto la separación, pero eso no significa que no me duela, no significa que en este momento no sienta que el corazón se me sale del pecho y que me falta el aire. 

Ay Ana Karen, hicimos tantas promesas y no pudimos cumplirlas. Leí los votos que me hiciste el día que nos casamos, fueron palabras muy bonitas que me conmovieron y me hicieron llorar tanto, ojalá hubieras seguido sintiendo eso, ojalá te hubieras casado conmigo porque querías y no porque te obligaron. 

Me veía tan bonita ese día, me arreglé el cabello con una diadema que mis amigas me regalaron, usé el vestido que mi mamá me dio y mi mejor amiga me llevó el ramo más bonito que había visto; fue una boda linda, después salimos a comer pollo en un KFC; cuántas veces te bromeé con eso, con que nos casáramos a escondidas y al final fuéramos a comer pollo. Y lo hicimos, pero no por las razones correctas. 

Fuimos dos mujeres que se amaron desde sus heridas, desde sus miedo y que intentaron compartir una vida; te extraño tanto, tanto, tanto. 

Para mí jamás fuiste una carga, algo de lo que necesitara liberarme; pero al final pudo más la imagen mía del pasado, no fuiste capaz de ver que te amé más que a mi misma, que te di todo aunque me quedara sin nada y que esa persona que fui ya no existía. 

No me arrepiento de nada, porque todos los errores que cometí me hicieron ser quien soy el día de hoy, reconocerme como una mujer imperfecta, que puede herir pero también que puede amar profundamente.

Le he escrito a una abogada y pedido una asesoría para saber cómo tramitar los papeles, ojalá puediera no tener que verte para firmarlos pero parece que es requisito asistir las dos: que culero que el mismo lugar que nos vio decirnos que nos amaríamos siempre es el mismo donde vamos a decir que esto no funcionó. 

Aún te amo; pero desde el amor te dejo libre y si mi firma en una hoja es la prueba de que mi amor es y fue real voy a dártela para que sigas tu vida, para que nos vayamos solitas sin rencores y en paz.

jueves, 12 de febrero de 2026

Esposa.

¿Qué tanto me definí por ti o a través de ti?

Hoy me he puesto a llorar otra vez, quizá tiene que ver con el anime tan cursi que vi. La mente me ha jugado mal y me ha hecho desear que vinieras por mí, que me llevaras a casa, con nuestras perritas, a nuestra cama. Que me abrazaras y dijeras que todo estaría bien.

Pero ya no es nuestra casa, no es nuestra cama, no son nuestras hijas y tú ya no eres mi esposa.

Qué difícil es reconstruirme la vida sin ti. En este momento no sé si el lugar en donde vivo puede llamarse hogar, me siento más como una invitada con tiempo de caducidad. 

Tengo claro quizá que debo volver a Puebla, a la que sí es mi casa, allá en el cerro. Una vez me dijeron que mi casa era donde yo viviera pero no lo sé, hoy me siento sin hogar.

Si lo analizo el departamento fue mi casa pero no del todo, muchas veces te pedí espacio, que me dejaras poner o quitar cosas pero igual me sentía de paso. En realidad no sé a qué quiero volver.

Extraño verte, te escribí para preguntar si podías acompañarme al hospital, dijiste que no, que trabajas. Y aunque por un momento me sentí triste sabía que esa iba a ser la respuesta, desde que estábamos juntas hacer cualquier movimiento en tus horarios por mí era pedirte demasiado. No siempre fue así, sin embargo en los últimos dos años fue más obvio, más real. 

Ojalá estés bien, ojalá no te sientas como yo, este dolor en el pecho y las voces en mi cabeza se siente terribles, ojalá no pases por esto. 



martes, 3 de febrero de 2026

Sueños I

Acabo de despertar de una manera muy abrupta, Cyn entró a mi cuarto a buscar un cargador y me despertó. Me he puesto a llorar después de que se ha ido. Yo estaba soñando contigo.
Te soñé conmigo en una casa, ibas a buscarme, en mi sueño me visitabas porque Xchell te había dicho que estaba triste; me decías que estabas bien, yo te veía feliz, tranquila y te hice la pregunta con la que me dormí anoche en la cabeza ¿me extrañas? A lo que respondiste “A veces, a veces me pregunto por ti pero me aguanto, puedes ser maravillosa pero decido no llamarte.” En el sueño te acercabas a mí, te pedí que te quedaras y hablábamos, luego salíamos a caminar por las calles cercanas, había paisajes muy bonitos, montañas y el cielo azul. Me besaste y dijiste que todo estaría bien, pude sentir tu abrazo, el calorcito de tu cuerpo, entonces Cyn abrió la puerta, desperté y todo se fue al carajo.
Otra vez estoy aquí, en mi cama, con el tobillo fracturado y sola. 
Ya no quiero llorar, ya no quiero extrañarte. 

lunes, 2 de febrero de 2026

Despedidas.

La vida pasa cada día. Hoy me siento más triste que ayer, quizá porque mi pie no ha dejado de doler, quizá porque cada día me aparecen más detalles que me demuestran que mi historia contigo se terminó. 
Han sido tantos años de creernos compañía que ahora vernos como soledad me rompe. 
Hay tanto que quisiera preguntarte, ¿cómo lo haces? ¿Cómo lo sobrellevas?
Pero también sé que me aterra la respuesta, me aterra pensar que estar lejos de mí es fácil para ti porque en realidad ya no querías estar conmigo. 
Es duro dejarte ser, me he propuesto dejarte crecer lejos de mí pero te extraño tanto. 
Duele, cada vez que te pienso la sensación de algo clavándose en mi pecho es inefable. 
A veces me da por engañarme sola, me recuerdo todas las cosas bonitas y me digo “fuiste pendeja por decidir terminar”, pero creo que en algún punto fui razonable al entender que si seguía a tu lado solo nos lastimaba más, me lastimaba más. 

Ahora es claro que no estamos juntas, pero cuando lo estábamos y me despreciabas era muy confuso, aún más doloroso porque no estaba dicho pero se sentía. 

Hoy me acuesto a dormir llorando porque sé que no volverás pero hubo muchas noches en las que dormí llorando aún teniéndote en la cama a mi lado; esas me destrozaron toda, todita. 

Ojalá estuvieras aquí solo un ratito, solo un minuto para abrazarte y después dejarte ir de nuevo, porque te extraño tanto y ni todo el enojo del mundo puede con el amor que te tengo, que te tuve y que te guardo aún en mi corazón. 

Desapego.

 Qué difícil no llamarte, no decirte que te extraño, es que ya no debo. 

Qué difícil no contarte que me siento terriblemente sola, que me duele no verte a mi lado al despertar.

Es horrible no sentirte al dormir, no abrazarte, no escuchar tu voz.

Es terrible que seas la única persona que entiende mi historia pero también la única que no me debe escuchar. 

Te extraño, y romantizo tu recuerdo, lloro, me desvanezco en las cosas que eran y ya no son. 

Te extraño, ato mis manos para no escribirte, me muerdo los labios para no decir tu nombre. 

Y me pregunto ¿sentirás lo mismo? ¿Pensaras en mí? 

Te extraño. 

domingo, 18 de enero de 2026

Hogar.

Hoy me he sentido tan triste y me he puesto a llorar mientras dibujaba el camino que solía tomar para llegar al sitio que yo solía llamar hogar. 

Sabes, me he mudado tantas veces que de pronto tengo ya práctica y aún así cada cambio me duele. 

En ese departamento tuvimos momentos increíbles, recuerdo que me encantaban sus grandes ventanas, la luz que lo iluminaba todo, y la vista impresionante del sol cuando se iba escondiendo al atardecer, vi tantos cielos rosas de algodón que me tenía fascinada. 

Recuerdo mi baño, lleno siempre de cosas desordenadas, maquillaje, la secadora de cabello, y la bocina con la que escuchábamos música al bañarnos. ¿Recuerdas los pocos intentos que hicimos por bañarnos juntas? Fracasos absolutos he de decir, el espacio era pequeño para dos y nuestras preferencias en cuanto a temperatura del agua tampoco ayudaban, tú tibia y yo lo más caliente que la piel soportara. 

Mi lugar favorito era la sala con sus sillones viejos pero cómodos, yo podía pasar horas y horas sentada ahí con nuestras perras, leyendo o viendo la TV, pero mi sitio predilecto era el piso, el rinconcito en donde me senté a comer desde siempre y que no volví a soltar. 

Tuve tantos intentos de llamarlo casa, intentos de decoración, de buscar espacios para mí pero de una u otra manera muchas veces me sentí como una intrusa, como si cada centímetro de mi existencia en esa casa tuviera que ser ganado, conquistado. 

Aún así la llamé hogar. 

Alguien me dijo “Tu hogar, tu casa, es donde tú estés.” Y suena muy bonito, muy poético, muy práctico, pero mi cerebro aún no lo entiende porque para mí mi casa fue el lugar donde estuvieras tú.

En los últimos años dije innumerables veces que mi hogar sería donde tú estuvieras, donde tú fueras, tú eras mi casa, mi refugio.

Quizá ese fue mi error, darte todo ese peso, toda esa carga no solicitada, tú no podías ser mi hogar y aunque quise yo no pude ser el tuyo.

Estaba empezando a añorar demasiado el departamento y de pronto me vino el recuerdo, justo en el baño, ese último día que yo lloraba un poco por dolor y otro poco por miedo, ¿lo recuerdas? Saliste a recibir a Viri porque nuestra casa, o más bien dicho “tu departamento” se volvió el lugar seguro de tus amigas y eso estaba bien, lo que no lo estuvo fue que me dejaras llorar ahí y te pusieras a ver la televisión con ella ofreciéndole de cenar, conversando, riéndote. 

Recuerdo nuestra cama, recuerdo mi reflejo en la pared mientras teníamos sexo, pero si lo pienso más son más constantes las veces que me recuerdo acurrucándome contra la pared esperando el momento en que dejara de llorar porque estaba durmiendo sola, o porque habíamos peleado, o quizá porque estabas tan estresada con el trabajo que ni siquiera habías tenido tiempo de hablar conmigo. 

Me gustaba limpiar, ver el piso limpio, ponerle perfume a todo, pero con el tiempo nuestra casa fue más caos que limpieza, más desorden que amor. Supongo que solo fue el reflejo de lo que ya éramos por dentro. Tantas y tantas ocasiones intentamos “organizarnos” pero no lo logramos, siempre faltó fuerza de voluntad, o paciencia, quizá trabajo en equipo, no lo sé. 

Y aún así te extraño, extraño a las perras, extraño despertar y tomar café contigo cuando se podía, dormir hasta tarde los domingos o despedirme con un beso de ti cada que salía a trabajar y esperar, esperar a verte cruzar la puerta por la noche y sentir que todo iba a estar bien porque mi familia ya estaba completa, reunida. 

En este momento quisiera poder acurrucarme en tus brazos, pedirte que me des un beso, que me toques la espalda y me hagas dormir, no recuerdo la última vez que lo hiciste. No recuerdo la última vez que me dejaste subir mi pierna en la tuya y dormir abrazada a ti. No lo recuerdo. 

Sufro, siento tristeza infinita, pero supongo que esta tristeza es proporcional al amor que te tuve, que aún te tengo, así que no voy a apresurarme, dejaré que duela y quizá después pueda continuar. 



martes, 13 de enero de 2026

Música.

Me fuí.

El 24 de diciembre tomamos por fin la decisión de separarnos, te regalé tu libertad como el mejor detalle de navidad y me regalé a mí misma la paz que ya no sentía.

Durante muchos meses, semanas, días, creí que hacías las cosas sin darte cuenta, pero fue ese día cuando supe por fin que todo era real, lógico, pensado y decidí irme.

Quizá no recuerdes el último diálogo antes de que la avalancha cayera, te pedí escuchar música juntas, te negaste. La cabeza me explotó ¿qué hacía yo con alguien que no puede ni siquiera escuchar lo que me gusta? Te pregunté "¿Sabes lo que me estás diciendo?" y ahí, en esos segundos le diste el último golpe a lo que resistía de mi muro "Sí, sí sé".

Terminé de cocinar la sopa para la cena navideña en casa de tus padres, la guardé con cuidado en el refrigerador y decidí caminar sola. Me acerqué, te dije que necesitábamos hablar y al fin, después de 13 años, te solté.

Han pasado muchas cosas desde ese día, la mudanza, la adaptación, mi accidente, cada una debería llevar su propio texto, pero ese día fue todo.

Aún estoy enojada contigo, incluso una parte de mí, la menos lógica claro, quiere culparte por el hecho de que en este momento tengo un yeso en la pierna que me impide moverme y trabajar. El pensamiento es tipo: "Sí te hubieras esforzado más yo estaría en casa, no habría estado en el parque ese día, no me habría pasado..." No te preocupes, ya lo analicé, y ni yo soy adivina para saber cómo o cuándo me iba a accidentar, ni tu influencia en mi vida es tan grande para responsabilizarte por esto. Tú no eres dios.

Volviendo a ese día.

Dijiste: "No sé amarte cómo tú quieres, ya no puedo, estoy cansada de intentar..." He pasado varios días pensando en eso ¿cómo quiero que me amen? La verdad sí lo sé pero en este momento no me veo con alguien, no me imagino durmiendo con alguien o intentando conocer a otra persona, quizá porque todo está demasiado reciente o quizá porque no quiero, no me nace, no me dan ganas. 

Te recuerdo en la cama, llorando, tus palabras, tus ojos, recuerdo el dulce, liberador y al mismo tiempo sumamente destructivo momento en el que por fin dijiste "Ya no quiero estar contigo". Lo agradecí, una parte de mí llevaba meses pidiendo que lo dijeras, que me soltaras, y cuando por fin lo escuché todo estuvo claro: podía irme.

No es que no pudiera irme antes, no es que no lo quisiera, sólo que tenía la sensación de que mientras tú estuvieras dispuesta, yo también lo estaría, ¿Enfermo? Quizá ¿Me hace sentido? Por supuesto.

Al escucharte sentí que por fin podía cambiar de camino, ya había hecho todo, podía virar e irme en paz.

El día que me fui dijiste que querías pedirme que me quedara pero que sabías en unas semanas estaríamos igual, yo no quise decírtelo pero, sí me hubieras pedido quedarme, igual me hubiera ido. Y ahora te explico por qué.

La noche previa antes de marcharme estuve esperándote, tuve la idea de que si sabías que era la última noche que estaría en casa querrías estar conmigo, dormir juntas, quizá tener sexo, pero no, te fuiste con tus amigas, toda la mañana, la tarde, la noche, llegaste a las 4 de la mañana. No lo sabes, pero esa tarde pensé tanto en detenerme, en no guardar lo que faltaba, en quedarme una vez más, casi le cancelé a Daniela para que no fuera por mí, sin embargo conforme las horas pasaban y no volvías me di cuenta otra vez de que seguía aferrándome, tú te habías marchado de esta relación desde hacía tiempo, así que, en ese rato que en otro momento habría pasado llorando o triste esperando que volvieras, aceleré el paso y usé mi tristeza como motor para guardar todo lo que faltaba.

Me acosté a dormir casi 10 minutos antes de que llegaras, escuché cuando entraste, me hice la dormida y te evité, ya no tenía caso decirte que me habría encantado comer recalentado contigo ese día, que esperaba que nos despidiéramos bonito, porque sigo siendo la tonta que te ama o que quizá tenía la esperanza de no tener que dejarnos.

Al día siguiente estabas más enferma que antes, fiebre, tos, no podías ni hablar, te preparé sopa y mediqué, bromeé diciéndote que era el último día de cuidados de enfermería gratuitos; supe que tenía que irme cuando entendí que no puedo seguir cuidándote de ti misma. No si eso me mata en el camino. No si para cuidar de ti una parte de mí se pierde.

Te amo, claro que lo hago, te pienso un poco todos los días desde que me mudé pero ahora se siente diferente, puedo amarte demasiado y aún así saber que no es bueno tenerte cerca.

Empezar por el inicio.

Vine a vivir a CDMX en marzo del 2020, en el inicio de una pandemia que se llevó más de lo que nos dejó. Ari había sido violento conmigo una vez más y fue cuando, en un arranque de mínima dignidad, decidí abandonarlo. Recuerdo mucho cuando me acerqué a la puerta con Luna en los brazos, mi mochila al hombro y le dije “Tú ya no me amas más, ni yo a ti, solo nos estamos haciendo daño, si aún sientes algo, lo mínimo que sea, déjame ir.” Ari enfureció, me respondió “Sí te vas no regresas” y por fin me soltó. 
Salí corriendo del edificio. Una parte de mí esperaba incluso que saliera por mí, que me buscara, pero no lo hizo. Yo no sé si lo esperaba por miedo, por deseo o por trauma, sin embargo no ocurrió, Alba llegó por mí en el auto y me llevó a casa. 
Si recuerdo ese último diálogo “Sí aún sientes algo, déjame ir” pienso ¿será acaso que esta es mi manera de pedir lo mismo? Esta vez no ha habido golpes, ni gritos, pero sí la férrea decisión de que esto no termina hasta que alguien haya creído que ya ha sido suficiente o hasta que alguien tenga el valor de tomar sus cosas y correr.

Esa noche te escribí, te llamé y te pregunté si podía ir contigo. Siempre te vi como mi lugar seguro, la persona que me hacía sentir estable, amada, viva. Ahora, sí lo pienso más a fondo, tú, hasta ese momento, eras la idea del futuro, el sueño que se construyó a partir de promesas adolescentes en las que me dije a mí misma que habría alguien que me rescataría de todo. Porque así me educaron todas esas telenovelas y películas románticas, y todos esos libros que decían que si esperabas lo suficiente un príncipe te llevaba a su castillo salvándote de la bruja para que fueras feliz para siempre. 

Aceptaste y yo viajé, fue una travesía incoherente, no me arrepiento de lo que ocurrió la noche anterior con Alba y jamás lo haría; si bien pasaba por un momento de crisis no lo veo como algo malo, mi amistad con ella jamás se destrozó, por el contrario, con el pasar de los años se ha hecho más fuerte. Sin embargo, pienso que desde ahí estuvo mal, que no debí contártelo, que no debías saberlo, que quizá te sentiste triste o frustrada; claro que esto lo pensé muchos años después, en ese momento mi claridad llegaba solo al hecho de que tú debías saber todo de mí, porque mientras más transparente fuera, menos probabilidades había de que me reclamas algo “Sobre advertencia no hay engaño” dicen. 

Me recibiste en casa, me dijiste que Diana viviría con nosotras y otra vez todo comenzó mal. 

Si pienso en Diana inmediatamente pienso en otras personas, Brenda, Viri, Diego, Owen, en su momento Fanny, Wendy y obvio Ale. Todas esas personas que desde siempre han estado presentes en tu vida y que me han hecho sentir que ocupo un lugar secundario, soy el borrego número dos en la pastorela de tu vida. 

Pero si desde aquí comienzo este análisis no, no son ellos quienes me han hecho sentir así, eres tú. Ellos no son los que deliberadamente han decidido imponer sus necesidades sobre las mías, ni sus horarios, ni sus requerimientos. Eres tú, siempre has sido tú.

Con Diana recuerdo la frase “pídele permiso a ella para que te puedas quedar”, porque ahora ella iba a vivir contigo y de pronto fue un “con nosotras”. Obviamente acepté, porque mi cabeza hasta hace no mucho tiempo tuvo la idea fija de “Se lo debes, le debes demostrar que vas en serio, que quieres algo fijo, aguanta todo lo que ella te pida porque ya la has lastimado suficiente”, así como quien siente culpa por haber hecho todo lo que hizo y necesita ser redimida a través del castigo o la explotación; muy católico de mi parte, claro.

Pero ¿hasta dónde yo debía “demostrar” que era digna de ser amada?

He pensando muchas razones por las que decidiste aceptarme, no pienso decirlas porque la mayoría son bastante funables y quizá ni siquiera representen un poco la verdadera razón, esa solo tú la conoces. 

Quizá y uno de los argumentos más fuertes que pueden venir a la mente es “Si fuiste una culera con ella es justo y necesario que entiendas el porqué de que ahora sus amigos estén antes que tú, porque la defraudaste tantas veces que decidió anteponerlos a ellos”.

Y sí, yo te fallé, pero, ¿no era acaso más honesto sólo decir “ya no quiero estar contigo” que tenerme todos estos años intentado alcanzar un perdón imaginario? Y más aún ¿no crees que ha sido lo bastante cruel el saber que esas actitudes me hieren y aún así seguir haciéndolas con el único fin de decir “pues para que veas lo que se siente”?

Quizá no es así, quizá jamás fue así y ninguna de estas ideas pasó por tu cabeza; pero por la mía sí, más de una noche me he ido a la cama llorando pensando en ¿de verdad me merezco esto? ¿De verdad he sido tan perra maldita que no me queda de otra más que aguantar estar a la espera? 

Y la respuesta es NO, por supuesto que no. 

En fin. La historia con Diana no resultó bien, esa quizá debió ser la primera señal que debí ver, que preferiste esperar a que ella se mudara por voluntad propia a decirle que le bajara a su intensidad conmigo y el espacio que compartíamos; sí, entiendo tu evasión al conflicto pero justo ¿hasta donde estabas dispuesta a llegar? 

Entendí la noche que me quedé llorando en la sala después de una pelea, no fue la última vez que me dejaste así, llorando sola intentando decirle a mi cabeza que todo iba estar bien, que no estaba en peligro, que no era un lugar inseguro que solo habíamos tenido un mal momento ¿uno? Entendí que si un conflicto se gestaba entre nosotras ese iba a ser el modo de resolver, yo llorando en la sala y tú encerrada en tu habitación con los audífonos puestos ignorándolo todo, esperando a que se resolviera solo, a que yo dejara de llorar, a que la solución apareciera y nos cubriera a ambas. 

En esas primeras discusiones yo peleaba, vaya que peleaba. Gritaba, me enojaba, vomitaba del coraje, ahora solo intento hablar, aprieto mis manos y trato de respirar, todavía lloro, lloro demasiado. Ya no me gusta gritar, me desconcierta golpear o aventar cosas, no, mi psicóloga no estaría orgullosa de mí si hago eso pero ¿sabes? Cuando te contemplo ahí, callada, guardándote todo, entiendo que ya no somos iguales. Al menos quiero hablarlo, solucionar pero de ti no obtengo más que silencios. 

Quizá por eso quise hacer estas cartas, estos recuerdos. Porque el diálogo conmigo misma es el único que conozco desde hace meses. 

Cuando me mudé a vivir con Tina otra vez me di cuenta que la distancia me jodía y quería atención para llevar el vacío, mentalmente aún no estaba bien, no era estable pero necesitaba el dinero. Ahí busqué a Oscar, primero por curiosidad y luego por venganza, porque claro, yo quería vengarme del pendejo que me destrozó años atrás y lo hice, claro que sí, se sumó a la lista de personas que me tiene bloqueada en toda la red social que exista en el mundo y de eso no me arrepiento. Hubo daño colateral, tú me reclamaste y tenías razón, en teoría éramos pareja aún estando separadas y yo fallé mandándole mensajes a un pendejo. 

¿Era un comportamiento repetitivo? Claro que lo era, lo siguió siendo hasta hace dos años. Me siento sola, corro a buscar “cariño” “validación” “afecto”. No pasó sólo con Oscar, fue con Miguel, Ari, Itzel, Yoari, Edgar. Siempre el mismo patrón. De eso evidentemente no tienes ninguna responsabilidad tú, ahí andaba yo, intentando satisfacerme el hambre de reconocimiento con quien fuera. 

Lo puedo profundizar después, no quiero justificarme, me tomó mucho tiempo de terapia entender por qué hice las cosas, por qué me destruí tanto y tanto. Sé que te herí y estuvo mal y sé que fui lo bastante convincente para que decidieras quedarte conmigo pero ¿qué tanto de esa decisión tuya fue consciente y no un juego de tus propios traumas enlazados a los míos?